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A otra cosa mariposa

jueves 06 de mayo de 2021, 05:00h
“El tiempo es metafísicamente irreversible. Los problemas, si tienen solución, debemos enfrentarlos con decisión, con coraje, con firmeza y esperanza; pero si no tienen solución es de locos darse golpes contra las paredes”.

Qué suerte haber comenzado el día escuchando estas afirmaciones lógicas y cargadas de sentido común en la voz de Ignacio Larrañaga. Pero ya sabemos que no siempre las cuestiones derivadas del sentido común nos aparecen con la nitidez de la evidencia por el peso de las circunstancias de la vida y los agobios del camino. Solemos empeñarnos en luchar contra lo imposible y construir sobre terreno inadecuado. Debemos dejar de ser locos.

Pero en esas frases profundas hay dos elementos complementarios: Por un lado se encuentra la dinámica del abandono de las inconsistencia de lo irresoluble, la inutilidad de la lucha contra los molinos de viento que creamos en nuestro corazón con la carga del resentimiento y del sentido de culpa. Abandonar lo que consideramos un fracaso personal, porque no tenemos fuerza para cargar con tantos sacos inútiles a nuestras espaldas.

Pero por otro lado, hay un compromiso primario y fundamental: Si los problemas tienen solución hay que enfrentarlos con coraje y decisión. Si es posible el cambio, si las circunstancias pueden revertirse, si el fracaso no ha pronunciado la última palabra, entonces debemos asumir el empeño. Si hay solución, hay que buscarla y alcanzarla. Hasta que sea evidente que la situación es ya irresoluble, hay que luchar con uñas y dientes.

Son las dos caras de cualquier decisión importante que podamos tomas: si es posible, inténtalo; si es imposible, abandónalo. Abandonar para dejar espacio a otras posibilidades.

Igual que para llegar a la final de un Grand Slam hacen falta muchísimas horas de entrenamiento, aunque se fracase y no se gane, así es existir. Hace falta entrenar el abandono y entrenar nuestro coraje ante las situaciones que aparecen por delante en nuestra biografía personal. Hay que entrenar el abandono de lo irrelevante por imposible, y el coraje de lo que tiene solución pero exige esfuerzo.

Hoy contamos con la dificultad añadida de la crisis de coraje. Se han apagado en la sociedad aquellas fuerzas creativas que se atrevían a soñar y nos hemos contentado con vivir al ritmo de los episodios anodinos de una serie relajada. Se ha apagado el espíritu de conquista acomodados detrás de un televisor que nos convierte en espectadores de conquistas ajenas. La cómoda sociedad de consumo que olvida que descalzos y en pijama no se sube a la montaña.

Hay que intentarlo. Tal vez a la primera no se logra. Pero hay que seguir intentándolo si se barrunta que existe posibilidad de que se logre el empeño. Pero si se evidencia su imposibilidad, a otra cosa mariposa. Coraje sí, locura no. Pero tirar la toalla sin ponernos los guantes –y disculpen el símil boxístico- es una locura o una cobardía.

¿A quiénes les hubiéramos dicho inicialmente que aquello que intentaba era imposible? Por ejemplo, a Teresa de Calcuta, por supuesto. Además de imposible aquello, era en la práctica inútil; porque ella no tenía fuerza para solucionar el problema. Ni ella ni muchas como ella.

Pero ella tuvo el coraje de hacer lo que pudo…

Juan Pedro Rivero González

Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife

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