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'Los hábitos van cambiando. Ahora, en Navidad, comemos más veces, pero menos y mejor'
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"Los hábitos van cambiando. Ahora, en Navidad, comemos más veces, pero menos y mejor"

lunes 23 de diciembre de 2019, 08:00h

Fanny Pons Nicolau es licenciada en Farmacia por la Universidad Central de Barcelona (1993) y especialista en Nutrición, Dietética y Dietoterapia. Su experta opinión resulta fundamental en una época del año caracterizada por las grandes ingestas calóricas, a la hora de prevenir y contrarrestar los efectos contraproducentes que los excesos culinarios, tan asociados a la Navidad, pueden generar en la salud.

P.- ¿Es posible compaginar unas fiestas navideñas saludables desde el punto de vista nutricional con el disfrute de la buena mesa?

R.- Se puede y se debe. De todas maneras, le diré una cosa: los hábitos están cambiando. Poco a poco, el concepto que hace años se tenía de la Navidad, vinculado a las comidas copiosas, está quedando atrás y las personas, en general, estamos cobrando mayor conciencia sobre la necesidad de moderar los consumos. Tenga en cuenta que la Navidad actual dura mucho más tiempo. Arranca a finales de noviembre y aquí, en la isla, no finaliza, prácticamente, hasta más allá de Sant Sebastià. El resultado es que la gente acude a más almuerzos y cenas que antes, pero las raciones son más equilibradas y no se recurre a los atracones de otras épocas. Comemos más veces, pero comemos menos y mejor. Esa sería la conclusión.

P.- ¿Hay otros hábitos que también han cambiado?

R.- Sí, por supuesto. Por ejemplo, el pescado ha ido ganando protagonismo a la carne, y la cocina saludable tiene de cada vez más presencia. También se utilizan más las verduras como guarnición, y en los entrantes suelen figurar el salmón y el marisco como elementos muy presentes en la mayor parte de citas gastronómicas.

"Hemos de disfrutar comiendo, porque si no es así muy pronto los buenos deseos se quedan en papel mojado"

P.- Sin embargo, la Navidad se sigue celebrando, mayoritariamente, alrededor de la mesa…

R.- Y esto no tiene por qué cambiar. De hecho, las costumbres y tradiciones han de pervivir, especialmente las de carácter familiar, como es el caso de la Navidad. En Mallorca, como en muchos otros territorios, las personas que llevan tiempo sin verse aprovechan estas fiestas para hacerlo, y qué mejor ocasión para ponerse al día que compartir un menú sabroso y que, al mismo tiempo, no tiene por qué dejar de ser saludable.

P.- Usted siempre ha defendido la necesidad de desterrar términos como ‘dieta’ o ‘régimen’ para apostar claramente por el cambio de hábitos. Imagino que en Navidad, esta idea sigue estando vigente…

R.- A la hora de hablar de nutrición, hay dos criterios que no se pueden pasar por alto: hemos de disfrutar comiendo, porque si no es así muy pronto los buenos deseos de adoptar un peso más conveniente se quedan en papel mojado; y, en segundo lugar, hay que conciliar la idea de pasarlo bien con la de moderar la ingesta, rehuir los excesos y buscar las alternativas más saludables. Dicho esto, por supuesto que no creo demasiado en las dietas. Son pan para hoy y hambre para mañana.

P.- ¿Cuál sería un buen menú para la cena de nochebuena o la comida del 25 de diciembre aplicando la tradición culinaria mallorquina?

R.- Como primer plato, no puede faltar la sopa de Navidad, imprescindible en estas ocasiones. Y como es una comida que llena bastante el estómago, es recomendable complementarla con frutas como la piña o la papaya, que contienen enzimas digestivas. Otra opción es el pollo al horno con salsa de ‘magrana’ servido con guarnición de ensalada. Tampoco está de más un poco de patata como acompañamiento, en combinación con la ensalada, claro. Y, desde luego, un plato muy ligado a la tradición navideña de Mallorca son los ‘escaldums d’endiot’, o bien el pavo con ‘ou filat’.

"No creo demasiado en las dietas. Son pan para hoy y hambre para mañana"

P.- Los comensales que arrastran enfermedades crónicas, como la diabetes u otras dolencias, ¿deben privarse de las suculentas comidas navideñas?

R.- Digamos que deben ir con más cuidado, pero no necesariamente privarse. Si antes comentábamos que el disfrute culinario no está reñido con la moderación, en estos casos la dosis de prudencia ha de ser mayor. Hasta qué punto han de extremarse las precauciones, depende de la situación de cada uno. Es importante que sea el médico o especialista que atiende a ese paciente en concreto quien dictamine dónde han de situarse los límites. El control médico, en este sentido, resulta un elemento primordial. De todas maneras, déjeme decirle que durante los últimos años la oferta gastronómica que podemos encontrar en supermercados y tiendas de alimentación ha mejorado notablemente, porque resulta mucho más diversa. Hoy en día, existe una gran gama de productos, los ‘sin gluten’, por ejemplo, o los dulces y repostería elaborados a base de fructosa, que responden plenamente a las necesidades de alimentación de los colectivos con patologías crónicas. Y también de la población en general, porque no hace falta padecer una determinada enfermedad para elegir los artículos que más nos pueden ayudar en la prevención de la salud.

"Es absurdo proponerse perder peso en Navidad. Pero, al menos, intentemos no ganar ningún kilo"

P.- ¿Y qué me dice del alcohol, otro compañero inevitable en las comidas navideñas?

R.- Las bebidas alcohólicas han de consumirse siempre con moderación. En Navidad, y durante todo el año. Dicho esto, más allá de los peligros que entraña este tipo de ingesta y que todos tenemos muy presentes, existen una serie de recomendaciones muy útiles para las personas que ingieren más alcohol del habitual, entre ellas no beber nunca con el estómago vacío, no hacerlo tampoco de golpe sino racionando y espaciando las dosis, y consumir mucha agua. De hecho, el alcohol es un poderoso deshidratante y esto hay que prevenirlo. Además, es un producto extraordinariamente calórico, circunstancia que no siempre se tiene en cuenta.

"Tras un atracón, demos una tregua al sistema digestivo. Optemos por una comida frugal al día siguiente. Y bebamos mucha agua"

P.- Imaginemos que, pese a sus buenos y saludables consejos, caemos en la tentación de darnos un atracón durante estas fechas, con los trastornos digestivos correspondientes. ¿Qué hacer al día siguiente y en las jornadas sucesivas para recuperar la normalidad?

R.- Dar una tregua a nuestro sistema digestivo, así de simple. Si hemos cenado en gran cantidad el día anterior, en la comida siguiente miremos de compensarlo optando por un menú más bien frugal. Un consomé es una buena recomendación. Y un poco de ensalada con algún plato fácil de digerir y escasamente calórico. Al mismo tiempo, una vez que nos sintamos en mejor forma, es conveniente enfundarnos el chándal y realizar ejercicio físico con moderación. Y, por supuesto, e insisto en ello, beber mucha agua.

P.- ¿Es imposible no ganar kilos en Navidad?

R.- A ver, resulta absurdo proponerse perder peso en estos días. Eso es evidente. Si hemos decidido adelgazar, mejor esperar a que pasen las fiestas. Ahora bien, eso no significa que por una ley no escrita tengamos que engordar cuando llegan las fechas navideñas. No ocurrirá si sabemos combinar el relativo exceso de unos días, con la moderación de otros. La idea sería que, cuando pase la Navidad, al menos no hayamos ganado ningún kilo. O los menos posibles, en todo caso. Y puede lograrse, eso se lo aseguro.

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