John Lennon escribiría hoy un Imagine con deseos más sencillos de alcanzar, pero más necesarios. Imagina, por ejemplo, una prensa independiente, que diga la verdad y no se sienta presionada por la ideología.
Imagina una justicia sin influencias ni interpretaciones partidarias.
Imagina un mundo de iguales, sin envidias, odios ni rencores inoculados por aquellos que pretenden sacar ventaja de la situación.
Imagina una cultura donde nadie te cancele o te descalifique por pensar diferente. Imagina que la verdad fuera verdad sin que nada más que tu razón te la impusiera.
Imagina que tu expresión fuera entendida por todos.
Imagina que tu hermano pueda ser igual que tú sin que por ello tenga que pensar lo mismo que tú.
Imagina que lo artificial pueda ser descubierto nada más verlo, oírlo o tocarlo.
Imagina que la gente te acepte sin que tengas que disfrazarte de conejo malo.
Imagina que no hubiera premio para el más listo, para el más astuto, para el más ambicioso y para el más oportunista.
Imagina que nadie pudiera descalificarte por lo que piensas.
Imagina que los demás se emocionaran con las mismas cosas que te emocionan.
Imagina que tu enemigo sienta ganas de abrazarte al tropezarse contigo en una esquina.
Imagina todo esto y te darías cuenta de que estás viviendo en un mundo irreal, en un ambiente imposible donde la gente esconde lo que siente, donde todos fingen para no mostrarse como son, donde la hipocresía se ha convertido en una virtud.
Lo que imaginaba John Lennon parecía más difícil de conseguir. El mundo se arregla con cosas sencillas, pero odiamos la sencillez, la consideramos ridícula y renegamos del buen juicio porque le hemos hecho un monumento a la trampa, porque adoramos al mentiroso siempre que su mentira nos venga bien, porque estamos refugiados en un rincón esperando a que pase la tormenta, porque hemos vendido nuestra dignidad a cambio de pastar en la comodidad del rebaño. Sería fácil salir de este sopor que nos paraliza.
He visto a la gente en la calle siguiendo a un hombre, no demasiado alto, vestido de blanco. Algunos dicen que la trampa está en creerlo, que todo lo que dice proviene de una mentira que nos tiene acogotados desde hace siglos; pero estos son los que se dejan llevar por otros cantos de sirenas para sentirse más seguros. Siempre acabarán matando al mensajero, igual que hicieron con John Lennon a las puertas del edificio donde vivía en Nueva York