Se dice que Trump es un abusador porque se comporta como un empresario. No estoy de acuerdo. En primer lugar porque no todos los empresarios son unos abusadores y después porque cuando un empresario es elegido presidente de un país está obligado a comportarse como un presidente y no como un empresario.
Hubo una época en que se escuchaba decir a ciertos políticos que al país había que llevarlo como a una empresa, pero esto no es así porque una empresa no tiene funcionarios sino empleados y además no está sometida al mismo sistema de controles democráticos. Desengáñense, Trump es así, o al menos así se vende, o nos lo venden, y esa manera de actuar lo único que consigue es poner en duda al sistema, quizá porque en su profesión no hizo otra cosa que intentar burlarlo. Luego hay otros políticos que son inmorales porque, dedicándose a una actividad supuestamente pura, son capaces de cometer todo tipo de tropelías sin que por medio exista algún tipo de beneficio empresarial. Se supone que es el caso de Netanyahu. Entonces, en la guerra de Irán quién convenió a quién. Pongamos que los dos fueron de la mano, pero movidos por motivos diferentes.
El problema del empresario Donald Trump es que manda en el país más poderoso del mundo, el que hasta ahora servía cómo modelo y garante de la preservación de los valores democráticos occidentales. Si esto es así, a manos de quién han pasado esas responsabilidades. Estas cosas no se arreglan solo con diplomacia. Se supone que entre EEUU y Europa deben existir las coincidencias suficientes para que entre los dos exista el acuerdo de defender los principios básicos y fundamentales del mundo que comparten. Si esto no es así, la división se ha producido y no nos queda otra que prepararnos para el naufragio.
Si es cierto que Occidente ha fracasado nos quedaremos solos en medio de un baile donde nos va a resultar difícil encontrar pareja. Cuando algo empieza a fallar siempre existe la esperanza de que pase pronto el temporal y regresemos a mejores tiempos de entendimiento. Lo malo es cuando ya no hay salida, cuando se cierran las puertas y encima pensamos obtener alguna ventaja de la situación. Hemos pasado por circunstancias parecidas y casi siempre hemos salido mal parados. La única solución es mantenernos unidos, abandonar la polarización, esconder al enemigo en el desván y capear entre todos el temporal. Este no parece ser el camino que hemos elegido. Escucho las voces airadas del Parlamento y me avergüenzo de la clase que nos representa. Trump desestabiliza y aquí seguimos tirándonos a la cabeza las danas, los incendios, los trenes y las amnistías. ¡Qué tristeza!