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“Que viene, que viene, que viene”

Por José Luis Azzollini García
lunes 02 de marzo de 2026, 11:07h

Cuando éramos jóvenes quienes ahora pasamos de los sesenta, dedicábamos algunas tardes de verano para ir al cine al aire libre en la plaza de toros de Santa Cruz. Allí, era más la diversión que había en las gradas que lo que realmente se esperaba por parte de quienes habían montado el chiringuito filmoteca-veraniego. Habían dos clases de entradas, las de la gente de la alta sociedad y/o cinéfilos que pagaban dos pesetas por estar en las sillas dispuestas en la arena del recinto, y quienes formábamos el populacho, que por una peseta nos ubicaban en las gradas que estaban algo más lejos de la pantalla. ¿Faena? ¡Qué va! Todo lo contrario, precisamente esa distancia es lo que proporcionaba mayor entretenimiento. Alguien de la gente que había allí, gente de barrio, gente baja, gente que no respeta las normas y más cosas que se decía por quienes ocupaban la zona noble, gritaba algo así como: “Linterna, tu madre fuma” a lo que seguía una sonora carcajada grupal. Risas que se incrementaban cuando la algarabía ya impedía oír el sonido de “Tacones lejanos” o “El cartero siempre llama dos veces” y el acomodador -el linterna para seguir la historia- saliendo desde la cantina que estaba en la arena, se disponía a subir hasta las gradas de la golfería. Venía tan rápido como le permitían sus cansadas piernas y al hacerlo se mascaba la “tragedia”. Se podría pensar que eran momentos angustiosos ante lo que se nos venía encima, pero la realidad solo la recuerdo como unos momentos muy divertidos con el cántico que toda aquella grada, iba produciendo al ritmo que marcaba la linterna de quien venía hacia nosotros: “que viene, que viene, que viene…” Esto se repetía tantas veces que ya era como si estuviéramos viendo un partido de fútbol con lo de: “vamos, vamos vamos”. Cada vez más alto, hasta que la autoridad se le veía asomar por un lateral. En ese momento, el silencio, era interrumpido por la voz autoritaria del señor que al tiempo que iluminaba, sentenciaba: esta fila, a la calle. Una vez resuelto el tema, todo volvía a sus comienzos. Es decir, risas, caminatas, que viene que viene y a la calle. Fila a fila, íbamos saliendo todos, mucho antes de terminar la película.

Aquello me ha venido a la memoria, cuando leo las noticias que van saliendo en prensa y que van dando señales inequívocas de que la legislatura se está dando por acabada y que muy pronto, podremos cantar aquello de: “que viene que viene que viene”, pero en esta ocasión, refiriéndonos al periodo electoral nacional. Después de ese momento, alguien vendrá, señalará a la bancada azul y les dirá lo de: esa fila a la calle. ¡O tal vez no! Puede pasar de todo, pero en este otro apartado, la decisión ya no será de la autoridad competente, sino de todo un pueblo que decidirá si desea continuar o cambiar las tornas. Sea lo que sea, será; y, por lo que voy leyendo, insisto, se me antoja que la “llegada del linterna” será antes de lo previsto.

Yo tengo poco o nada de gurú y mucho menos en política, pero las señales hacen sospechar que el “efecto linterna” no está muy lejos. Si no es así, que le pregunten a un político llamado Rufián, que supuestamente basa todo su esfuerzo político en defender una independencia catalana que parece no llegar nunca. Este miembro del Parlamento Nacional, ya está poniendo sus barbas a remojar, sobre todo cuando se ha percatado que su palabrería, ya no contenta a los suyos, pero que si hacer reír a mucha gente del país. El hombre, tal vez confundiendo su interpretación como actor de monólogos más o menos ocurrente, con lo que son las interpelaciones parlamentarias de alto nivel, se ha decidido a intentar liderar una nueva plataforma de izquierdas a nivel nacional para unas “futuras elecciones”. ¿Futuras? ¿Y ya está organizando el “machito”? Lo evidente no necesita mucha explicación y este personaje de la política es de los que cree que las decisiones del pueblo español están expuestas en un escaparate para que sean adquiridas por gente como él. Sea lo que fuere, él ya tienen claro lo que va a venir y no desea quedarse sin la paguita.

En las mismas filas, anda una señora política Rubia, cuyo nivel de enfrentamiento con la representación empresarial es casi tan potente, como lo es su pérdida de confianza por el batiburrillo de partidos que conforman su grupo político, donde cada cual está comenzando a ponerse las coderas para cuando toque optar por los puestos de cabecera. La Señora Vicepresidenta segunda, no creo que jamás haya pensado ser la primera, desea seguir con su liderazgo y aunque sea a base de cortarle las salidas de emergencia a las pequeñas empresas, ataca a todo el entramado empresarial para dejar claro que para subir el sueldo a quienes cobran poco, solo le basta un decreto. El resto, se lo pasa por el bolso de “Luis Vuitton”.

Y, en el mismo grupo aunque dando tímidos pasitos a la izquierda, y no tan tímidos, se encuentra una política joven que ya camina solita, tras quitarle el nudo de la cola a quien le hacía algo de sombra. Ella, en sus discursos, viene defendiendo la libertad de circulación migrante. Pero ya, viendo venir su batacazo electoral, tras escuchar el runrún de “que viene que viene que viene”, ha decidido darle una vuelta de tuerca al tema de los papeles para los “sin papeles”. La señora, pide la nacionalización y el derecho a sufragio. Ella se muestra segura de que necesitará de todos los votos posibles para seguir en su mejor puesto de trabajo. ¿Mejor o único? Bueno, ¡lo que sea!

Eso es lo que, más o menos, pasa en los partidos con menor representación en el arco parlamentario; pero, en los que reúnen a más miembros, pasa tres cuartos de lo mismo. He leído recientemente en los digitales de El País, El Mundo y La Sexta, que el actual presidente del gobierno de España, comienza a sacar de la gaveta una de esas promesas electorales que buscan, descaradamente y sin sonrojarse, el voto del contribuyente. En este caso, al más joven. Y la estrategia está clara: quince mil viviendas que pondrá en marcha en breve. ¡No tendrá presupuestos, pero “arrestos” se ve que le sobran! Para que solo llegue ese anuncio y evitar que se oiga más lo del Adamuz, ha puesto a su entregado “litigante” profesional, a parar los balones que pretenden colarse por la escuadra derecha. Desde el “y tú más”, hasta todo lo que tiene que ver con “el amigo narco” del candidato de la oposición, salen a relucir en cualquier momento. Lo importante es frenar lo que pueda entorpecer un “allanamiento” del camino que su grupo está convencido va a llegar más pronto que tarde. Las estimaciones de votos -otro aparente recurso-, hablan de la gran ventaja que lleva el partido que gobierna, sobre el pretendiente a ocupar la Moncloa. Cuando ya se oye el: “Que viene, que viene, que…”, todo vale.

Y, ¿qué hace la oposición, mientras tanto? En esas filas, ya están viendo cómo “se acerca la linterna” y con lo único que parece que se van a enfrentar es con lo de “los palos en las ruedas”, y bandazos a estribor e intentos de atraque en aquellos puertos independentistas que sabemos cómo negocian, pero sin querer aclarar la verdadera relación entre el supuesto narco del barquito y su líder. ¿Soberbia o error de estrategia?

Y, ¿el pueblo qué dice? ¡Cric! ¡Cric! ¡Cric!

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