Hay días en que las noticias no te dan respiro. Se produce un empacho para que no sepas que es lo que debes atacar primero a la hora de emitir un juicio, la mayor parte de las veces equivocado. Viene todo como un alud, sin dosificar, y esto obliga a que la situación no se aclare. Los publicistas deberían tener esto en cuenta y ordenar las informaciones para que, como hacían antes, vengan por su orden y no se apelotonen robando tiempo a una digestión ordenada.
Parece como si todo se hubiera vuelto loco a la entrada de este 2026 y una avalancha de sucesos viniera a enturbiar nuestra capacidad de comprensión y de asimilación de la realidad. La nueva técnica parece consistir en la acumulación de lo confuso para que se nos atragante antes de ser digerido. En 15 días aparecen en el mismo paquete Venezuela, Groenlandia, Irán, María Corina, Delcy, Zapatero, Julio Iglesias y la izquierda a la izquierda de la izquierda tocando los tambores de la desunión. Esto último tiene solo un efecto local, pero puede ser el aglutinante y efecto de todo lo demás.
En muy poco tiempo ha venido a sustituir a Gaza, la flotilla, el genocidio, Ucrania, Putin, Juan Carlos y Bárbara Rey. Algunas cosas se recuperan y son sustituidas por otras. Por ejemplo, la entrevista amable de Xavi Fortes a Laurence Debray, autora del libro “Reconciliación”, sobre el emérito, parece iniciar un camino de reconocimiento con la figura que nos condujo a una transición democrática, empañada por su afición desmesurada a las faldas. De camino, y para compensar, le hemos dado un golpe a Adolfo Suárez, que se revuelve en su tumba mientras en Antena 3 ponen la serie basada en “Anatomía de un instante”, de Javier Cercas. Todo esto fue diciembre.
Ahora estamos en enero, estrenando año, y la cosa va por otro lado. El País anuncia para el lunes una entrevista a Bill Gates donde nos va a aclarar lo que sucede con el mundo global: ese que tanto esfuerzo nos cuesta entender. Siempre habrá un antisistema que lo explique de otra manera, y una ONG dispuesta a intervenir en la interpretación de los auténticos problemas que afectan al planeta. Todavía no he escuchado a Amnistía Internacional manifestarse sobre el secuestro de Maduro ni sobre los muertos de la represión en Teherán.
He leído que por culpa del calentamiento global Groenlandia se está descongelando y por eso Trump la quiere comprar o invadirla. También que MacArthur lo intentó al finalizar la Segunda Guerra Mundial, pero no siguió adelante por respeto a Dinamarca, empeñado en la recuperación de una Europa que no fue un desafío hasta Jean Jaques Servant Schreiber. Nada hay nuevo bajo el sol. Ni siquiera el surgimiento de la extrema derecha lo es.
Como dije al principio, este enero de 2026 entra de sopetón llenando las páginas de los periódicos de alarmas catastróficas, pero si lo analizamos con serenidad no son muy diferentes de las que nos ocuparon en 2025. La única diferencia es el frío que se nos ha metido hasta los huesos. Me recuerda al tiempo en que no le hacíamos tanto caso al clima y calentábamos las sábanas con botellas de agua caliente antes de meternos en la cama.