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La ULPGC reproduce las prácticas mortuorias de los aborígenes canarios

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Por Redacción
miércoles 14 de enero de 2026, 14:51h
Última actualización: miércoles 14 de enero de 2026, 15:02h

Un estudio experimental sobre entomología forense sugiere que las momias no se desecaban antes de depositarse en las cuevas.

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La Universidad de Alcalá y la ULPGC trabajan juntas en un estudio en el que, partiendo de la reproducción de las prácticas y ritos mortuorios documentados de los aborígenes de Gran Canaria, se estudia el ciclo vital de ciertas especies de insectos necrófagos, hallando por primera vez que algunas de estas pueden completar ese ciclo en casi completa oscuridad, al contrario de lo que se creía hasta ahora en entomología forense. Estas conclusiones vienen a cuestionar la desecación de forma intencional los fardos mortuorios, una idea establecida sobre las prácticas funerarias de los aborígenes.

Para ello, se ha llevado a cabo un estudio experimental innovador que replica, en condiciones controladas, la descomposición de un cadáver dentro de una cueva volcánica, para documentar la sucesión completa de insectos en un espacio cerrado y casi totalmente oscuro. Para ello, se depositó durante doce meses un cadáver de cochino (Sus scrofa domesticus) dentro de una cueva excavada en toba volcánica. Permaneció envuelto en un fardo vegetal elaborado por el alumnado del grado de Historia de la ULPGC con técnicas artesanas y siguiendo las prácticas indígenas. A lo largo de este tiempo, se fue registrando el proceso de descomposición y la actividad de los insectos asociados a cada fase, así como los desplazamientos óseos y la ubicación final de las evidencias entomológicas.

Tras doce meses, se pudo recopilar un abundante conjunto de datos: más de 55.000 restos recuperados mediante técnicas arqueológicas, entre ellos 22 taxones (un taxón es cada uno de los grupos o categorías de la clasificación de los seres vivos) entre moscas, escarabajos, hormigas, polillas y otras especies. Una de las más presentes fue la mosca de la carne (Chrysomya albiceps), tradicionalmente considerada incapaz de completar su ciclo vital en ambientes oscuros y que no sólo colonizó el cadáver sino que consumó todas las fases de su desarrollo.

Las conclusiones de este trabajo cuestionan algunas premisas sobre la actividad de determinados insectos en la descomposición de cadáveres en entornos de oscuridad; y ayuda a interpretar los contextos funerarios prehistóricos, en particular cuevas, hipogeos y catacumbas. En el caso concreto de Canarias, estos datos refuerzan la idea de una momificación de carácter natural en el interior de las cuevas.

Además, esta investigación ofrece el primer marco comparativo experimental para entender la descomposición en entornos cerrados y poco iluminados, lo que la hace útil para el estudio de contextos arqueológicos similares en otras partes del mundo, desde el Mediterráneo y Oriente Medio hasta complejos funerarios andinos.

Su enfoque metodológico innovador combina técnicas de arqueología funeraria con controles ambientales y seguimiento entomológico sistemático, lo que abre nuevas vías a la entomología forense en general. El modo de recoger los datos se sirve de formas de proceder propias de la arqueología para una recogida de datos más exhaustiva, una praxis que puede trasladarse a criminalística en escenarios con condiciones similares a las cuevas estudiadas.

La revista Forensic Science International: Synergy recoge los resultados de este trabajo en un artículo que lleva las firmas de Pedro Henríquez Valido, investigador Juan de la Cierva en la Universidad de Alcalá, y Aitor Brito Mayor, predoctoral de la ULPGC, quienes partieron de una idea original de Jean Bernard-Huchet, de la Universidad de Burdeos, especialista en arqueoentomología funeraria.

Este trabajo forma parte del programa de experimentación “TafoMummy”, desarrollado con el apoyo de la Universidad de Alcalá, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, PACEA–Université de Bordeaux y el Museo del Hombre en París, así como la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia e Innovación y la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información.

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