Como cada año, los que siempre hemos creído en la magia de este día, sentiremos ese “hierve hierve” que desde que nos entró en el cuerpo cuando casi comenzábamos a andar, no ha desaparecido jamás. Es algo lo más parecido a un hormigueo que entra por los miembros inferiores de tu cuerpo, sube por las nalgas, se para a la altura de la cartera busca y rebusca para cuadrar las cuentas y, pasando por la cabeza, termina después de pensar en todo el gasto realizado, en la punta de los dedos. Afortunadamente, la vista y la alegría que se capta en quien recibe los regalos, hace que dicho cosquilleo recorriendo cada año tu cuerpo, merezca la pena. Son momentos mágicos que, en esta noche especialmente, se magnifican y eso se lo debemos a ustedes y a quienes les dieron las llaves de nuestras puertas infantiles. Es precisamente esa, una de las poderosas razones por la que quienes creemos en la magia que producen, hemos continuado con la tradición. En el caso de mi familia, mi esposa y yo, no lo habremos hecho muy mal, pues nuestros hijos esperan esta noche, con la misma ilusión que lo hacemos nosotros dos.
Es cierto que te llevas un pequeño “chasco” cuando te mencionaron por primera vez, la realidad que existía en este gran día; pero también es verdad, que ha sido tanta la ilusión, sorpresa, inquietud que se nos ha ido metiendo en el cuerpo que, por nada del mundo, deseamos que nuestra descendencia no goce de lo que cada uno de nosotros hemos disfrutado. Nada en la noche de reyes es traumático. Y, además, es una noche de aventuras tanto si tienes como si no tienes el conocimiento absoluto de lo que la envuelve.
Aún recuerdo las conversaciones con mi hermana los días previos y la mismísima noche: - Yo ya sé lo que te van a traer los Reyes… - ¿Qué me van a traer? –Ah, espera a mañana… Y, así cada uno de los años de mi infancia.
Pasan los años y al hacerte mayor, ya no tienes la curiosidad infantil, pero lo que nunca se pierde es la ilusión y la capacidad de sorpresa. Eso nunca desaparece, por muchos años que vayas cumpliendo; es más, se acentúa. En casa, se sigue haciendo la carta y aunque tanto mi mujer como yo sigamos cumpliendo años, la carta siempre se hace. Pero es que mis hijos, con sus buenos pocos de años a cuesta ya, también hacen las suyas. Nada queda sin hacer, nada ha de quedar en el olvido; porque la tradición, ha de cumplirse y esperar al día seis de cada enero, se seguirá viviendo con la intensidad suficiente como para verse transportado a los años en los que dicho día era una fecha señalada en rojo en el calendario de un niño o una niña.
Los juguetes que se piden a sus Majestades Los Reyes Magos de Oriente, puede ser que hayan cambiado algo, pero seguro que seguirán cumpliendo con su objetivo: conseguir la felicidad de quien los recibe. El envoltorio se seguirá rompiendo con el anhelo de ver si los Reyes acertaron. ¡Siempre aciertan! Si son unos calcetines, porque son del tamaño y tejido que agrada. Si se trata de una camiseta, pantalón, jersey o cualquier otro tipo de prenda de vestir, seguro que será de la talla de la persona a la que va dirigido el regalo. Con los zapatos puede ser que exista algún contratiempo, pero no habrá problema alguno, porque sus realezas, siempre lo tienen todo previsto y seguramente habrán dejado dicho en el lugar donde se proveyeron del género, que tal vez vinera alguien a cambiar de número. ¡Cómo crecen los niños! Y, sobre todo, ¡Cómo ensanchan!
Yo no sé ustedes, pero en mi caso, siempre espero algo de “juguete”. Algo con lo que entretenerme cuando no estoy con otras ocupaciones. Por ejemplo, mi primer tren eléctrico, lo recibí ya de bastante mayor. Aún no lo he montado, pero sigo con la misma ilusión de verlo correr por sus estrechas vías. Tal vez le haga un buen decorado para que este hermosísimo juguete de Reyes se vea la trompa con otro que un amigo me regaló meses atrás. Imaginaré que cuando pasen, ambas máquinas una cerca de la otra, sus pasajeros se saludarán y en la estación aquellos muñequitos, se animarán a subir a sus respectivos vagones. Esa ilusión es la que se produce cada principio de mes de enero y meses anteriores y posteriores. Después ya habrá tiempo de volver a la realidad de lo que llamamos el día a día.
Siempre me he negado a regalar dinero, ni tarjetas de regalo de grandes almacenes. También se me nota en la cara, el disgusto que me produce si alguien habla de regalarme de esa manera. Pienso que un regalo de Reyes, ha de ser bien pensado, escrito con claridad para que no haya confusión, y ya los Reyes se encargarán de elegir el adecuado papel de regalo que vaya lo más acorde con el carácter y edad de quien lo recibirá.
En la noche del día cinco, no hay que olvidarse de dejar un zapato con algunas golosinas por si los Tres Señores protagonistas tuvieran algo de necesidad de azúcar. Tampoco estaría de más acordarse de la copita de licor y alguna pastita; pero no mucha cantidad, porque tendrán más trabajo que tiempo y no es cuestión ni de que lleguen tarde, ni “perjudicados”.
Aún recuerdo aquellas noches de Reyes, recorriendo los altares del mercado, para comprar algún detalle para que no fueran solo los Reyes, quienes dejaran algo en los zapatos de tu pareja. ¡Siempre hay un buen momento para echar una mano! Algunos amigos ya no están para hacer ese recorrido, y también las noches se han hecho más largas para estar fuera del hogar familiar. Ahora nos toca dar el paseo con la mente, aunque mi mujer y yo, solemos darnos una vuelta por las calles por donde circularán las Cabalgatas. Otras veces nos apetece ver las que ofrecen por las cadenas de televisión. ¡Todo es magia! Y salvo contadas excepciones, es uno de esos días en los que merece la pena felicitar a quienes las organizan.
Últimamente me ha parecido ver, en las grandes superficies, a más pajes de los Reyes Magos que a los propios monarcas y eso me parece lo más acertado. Si alguien ha conseguido que sean los titulares de las coronas quienes visiten sus centros comerciales, ya les adelanto yo, que son falsos. Pues sólo será un momento, un instante, cuando podamos verlos de cerca y eso será cuando podamos tener la suerte de entregarles en mano nuestra inocente carta. Pero el egoísmo de algunos “expertos” de márquetin, será la mejor excusa que tengo para maldecir ese momento y para recordarles que ni la mejor campaña que alguien pudiera crear, conseguiría convencer a ninguno de los tres Reyes Magos para estar en sus centros comerciales para atraer a la masa. Si buscan a alguien de la realeza que se sienta atraído por esos cantos de sirena, deberían buscar en otro sitio. Mientras lo encuentran, traten de respetar la inocencia de la infancia y de quienes deseamos seguir viviendo la misma ilusión de siempre.
¡Que les dejen muchas cositas junto a los zapatos!
¡Feliz día de Reyes!