Josep Borrell dice que el problema del independentismo es consecuencia de la aritmética parlamentaria y que hay una realidad política en Cataluña, que hará cambiar las cosas. Entonces el sanchismo es causa de lo mismo y su final vendrá provocado por esa misma realidad, Cabe hacerse la pregunta de a qué resiste Sánchez, la respuesta es a sí mismo, porque todos los problemas surgen de la solución que ha dado oportunidad a una circunstancia matemática que siempre tuvo otras alternativas, como dijeron voces autorizadas dentro de su propio partido, en el supuesto de que esta organización lo siga siendo. A la vista de lo manifestado por Jordi Sevilla parece que sí; y después de ver el desmarque de Salvador Illa, diciendo que el PSC y el PSOE no son la misma cosa, también.
Salvo el club de fans, a Sánchez no le queda nada donde apoyarse. En las próximas elecciones Alianza catalana habrá crecido lo suficiente para hacer inviable un pacto con los independentistas y los truquis electorales no funcionarán. Por tanto, es difícil repetir la jugada, Además la izquierda a su izquierda ha quedado hecha pedazos. Yolanda ya huele a juguete roto, hundida por el “no lo explica bien”, de Antonio Ozores. Nada de lo que ha sido volverá a ser. La cuestión es el cuándo. Se acaba el año y los plumíferos se están quedando sin espacio donde manifestar sus adhesiones ciegas. Cada vez se escucha más el ruido de la máquina barredera que viene a arrasar con todo.
Nicolás Maduro está en las últimas y ya ni se habla de genocidios en Gaza. Los argumentarios quedan reducidos a algunos videos producidos por Inteligencia Artificial. Esto está acabado. El sanchismo está desubicado y cada vez se siente más el síndrome de su soledad. Dentro de poco acabarán las fiestas y empezará el movimiento electoral en Aragón. Se barrunta que asistiremos a otro entierro. En la despedida de Pilar Alegría como ministra parecía que la estaban mandando al matadero. Lo mismo pasará con María Jesús Montero, que no se puede resistir a que le corten la cabeza. En este caso será ella la víctima de la reina de corazones, después de años encargada de ejercer esa dignidad. Hay una preocupación interna intentando salvar lo que quede tras la debacle: la lucha final que se canta en la Internacional.
Ahora estamos en la fase del desagrupémonos todos para iniciar el camino de la reconstrucción. Una regeneración anunciada mil veces, pero que nunca se ha puesto en práctica. El día que se escriba la historia de esta etapa nefasta de la política española tendrá que hacerse un reconocimiento a aquel comité federal que las vio venir allá por 2016, pero que no fue capaz de contener el retorno de una cuadrilla, organizada con lo peor de cada casa, que llevó a las primarias al menos recomendable. Ahora se trata de aprender y recomponerse. No será fácil. Costará trabajo, pero el socialismo español tiene arrestos y gente íntegra para lograrlo. Ya están en ello.