Enfrentarse a las adversidades es un acto de valentía que define el carácter de una persona. No se trata de buscarlas, por supuesto mejor evitarlas, pero si aparecen hay que resistirlas, con brío, son los golpes de la vida, encontrando en ellas una oportunidad de crecimiento personal.
Cada obstáculo, por duro que parezca, fortalece y enseña a valorar lo verdaderamente importante. La adversidad nos pone a prueba, empezando por la paciencia y la confianza en uno mismo, obligando a sacar fuerzas donde siempre las había, aunque no lo sabíamos.
Superarla y mantenerse firme, avanzar y no rendirse nunca. Quien aprende a levantarse tras cada caída, descubre que puede más de lo que imaginaba. Luchar contra las contrariedades es, en el fondo, batallar por la vida misma, con la convicción de que siempre existe una salida, una esperanza y un motivo para continuar. Siempre animosos
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