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Nada es gratis

Por José A. García Bustos
sábado 17 de julio de 2021, 09:17h

Afirma Íñigo Errejón que los servicios de los hospitales públicos son gratis. Lo ha hecho tras vacunarse y constatar que no le pidieron dinero a la salida del hospital. Sabe perfectamente que no todo lo que se paga en concepto de salario llega al bolsillo del trabajador. Una parte se va a sufragar el coste de eso que él considera gratis: hospitales, carreteras, educación, policía, etc.

Me pregunto también si sabe que ese empresario del que a veces abominan y ven como enemigo en su particular “lucha obrera” paga mensualmente por cada trabajador una seguridad social, conocida con el arcaico término de cuota patronal, que supera el 30% del salario y que hace pupa cuando las cosas vienen torcidas.

Le hubiera sido muy instructivo a Errejón recibir una “factura sombra” con el coste de lo recibido. De hecho, todos los usuarios de lo público deberíamos conocer el valor de los recursos públicos consumidos y financiados con los impuestos de todos.

Por ejemplo, para una estancia de unos días en un hospital, el paciente debería recibir obligatoriamente junto al alta una “factura sombra” con el coste de las horas del personal sanitario que le atendió e incluso el de la parte proporcional del salario del financiero, el gerente o el personal de limpieza; el coste de la comida y el coste de los medicamentos entre otros, así como la parte imputable en concepto de amortización y uso de la infraestructura, el mobiliario o el equipamientos durante su estancia. Nos sorprenderíamos del coste de lo público. De gratis, nada.

Tampoco es gratis el dinero que se ha imprimido a mansalva en el último año y medio y envían a los gobiernos los bancos centrales. Por comentarios pasados de Errejón y muchos otros políticos parece que así lo fuera.

El dinero prestado a un gobierno se tiene que devolver con intereses pero lo peor es coste invisible a primera vista del dinero en exceso: la inflación. Es decir, la pérdida del poder adquisitivo que todos experimentamos porque todo se encarece.

¿Se han preguntado cómo es que nuestros padres, a base de duro trabajo, podían ahorrar y adquirir propiedades tras devolver todas las “letras” (como ellos decían) al banco a pesar de pagar un tipo de interés mucho más elevado que los de hoy en día? ¿Y por qué nuestra generación y mucho menos la de nuestros hijos no podrán poseer nada que no sea heredado?

La razón es la inflación. Asusta ver el gráfico que muestra la disminución del poder de compra del dólar desde la creación de la Reserva Federal. Hoy se adquiere con un dólar un 95% menos que en 1913.

Cuando el dinero en circulación cambie de manos con mayor frecuencia y aumenten las transacciones, los precios subirán y nuestros ahorros perderán valor. Y eso ocurrirá de manera repentina.

En 1942, en plena II Guerra Mundial, los alemanes iban perdiendo fuelle y buscaron métodos alternativos a los tanques y aviones de guerra para vencer a los británicos.

Cambiaron los proyectiles por billetes. El enfrentamiento armado por la economía. Querían dar dinero gratis a mansalva a los ciudadanos británicos. Billetes falsos de libras esterlinas sin posibilidad de distinción de los originales. Obras de arte realizadas por judíos expertos en los campos de concentración nazis.

Primero pensaron en lanzar el dinero entre las poblaciones de Gran Bretaña desde aviones pero acabaron haciéndolo a través de las embajadas. Se descubrió la operación cuando se encontraban preparadas enormes cantidades de dinero a punto de entrar en la economía británica.

Se preguntarán que cómo iba a hacer daño a Gran Bretaña el envío de toneladas de dinero gratis. Pues inundando la economía de billetes y haciendo que la gente saliera a gastarlo desenfrenadamente. Se crearía así una espiral de subida de precios por la presión de la demanda sobre una oferta limitada, incapaz de reaccionar a corto plazo. La hiperinflación sería inevitable. Los empresarios subirían precios por momentos. Esta subida haría que un billete de libra esterlina pasara no valiera casi nada y se colapsaría así la economía británica. Su moneda iba a quedar inservible y los billetes se utilizarían para que los niños jugasen o para empapelar las paredes al ser más barato que otro tipo de papel. Eso ocurrió a principios de los años 20 en la República alemana de Weimar. Los alemanes habían sufrido en sus carnes lo devastador de la hiperinflación y querían devolvérselo a los británicos. Se trataba de la operación Bernhard.

La impresión de dinero de manera descontrolada tiene apariencia de gratis pero es nocivo para una economía, ya sea tirado desde aviones o creado de la nada desde los Bancos Centrales. Los efectos son similares. El dinero gratis casi hundió la economía británica en plena guerra. Hoy en día estamos en guerra contra un virus y la economía vuelve a estar inundada de billetes. Pongan a producir sus ahorros.

Más allá de su círculo cercano de amigos o familiares lo gratis no existe y puede ser nocivo para su bolsillo. Desconfíe cuando alguien afirma que algo es gratis. Está buscando algo a cambio.

Bajo su ideología comunista, lo que pretende Errejón es expandir lo público a costa de lo privado y por eso asimila lo primero a lo gratis pero no caigan en la trampa.

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