El informe, que, según ha podido saber EL PERIÓDICO, podría ver la luz en las próximas horas, considera que Salom perdió el control de su Kalex por una distracción, por tratar de encarar la penúltima curva del circuito (la caída se produjo a 150 kms/h.) con la intención de poder iniciar la recta de meta a gran velocidad (factor importantísimo para lograr un buen tiempo) o por precipitarse en la maniobra previa a gestionar esa difícil curva.
Es evidente que, una vez sufrida la caída, Salom tuvo la mala suerte de deslizarse por el asfalto y la gravilla en paralelo a su moto, a escasísimos metros de ella, cosa que no suele ocurrir en este tipo de accidente en los que las trayectorias de piloto y moto suelen ser distintas. Además, la moto, que chocó a gran velocidad contras las protecciones neumáticas de esa curva, el conocido ‘air fence’,salió despedida, girando sobre sí misma, convirtiéndose en un torbellino, en una hélice mortal, que dañó mortalmente el cuerpo de Salom cuando impacto con él, provocándole gravísimas fracturas en la cabeza y otras partes del cuerpo, así como heridas irreparables.
Los investigadores, que han contado con todo tipo de información, especialmente los datos telemétricos de la moto, han llegado a la conclusión de que la primera idea, expresada la misma tarde del accidente por algunos pilotos, como los campeonísimos Valentino Rossi y Jorge Lorenzo, de que la moto había tenido “algún problema”, debe descartarse por completo. Pese a que el equipo de investigadores, liderado por el británico Danny Aldridge, director técnico del Mundial, observó, tras el accidente, cierta holgura en el manillar derecho, el del gas, de la moto de Salom, ha sido imposible demostrar que esa soltura existía ya antes del accidente, por lo que se ha descartado por completo el fallo mecánico, considerando que la trayectoria de la moto fue tan larga y agresiva que justifica cualquier desajuste en la máquina.