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Otra vez la fiebre del ladrillo

Por Julio Fajardo Sánchez
jueves 16 de julio de 2026, 12:02h

“Los gigantescos planes de expansión en Brunete y otros municipios para acoger a los madrileños empujados fuera de la capital recuerdan a la fiebre del ladrillo”. Esto escribe Fernando Peinado en El País para alarmar sobre los efectos perversos de una política urbanística sin detenerse a considerar su impacto positivo en la oferta de vivienda, cuyo problema se detecta hoy como uno de los principales que sufren los españoles. Volvemos a lo mismo: a la fiebre del malévolo ladrillo y a todo aquello que nos ha traído a la situación de crisis actual.

Esta idea se ha instalado en la sociedad progresista, o woke, si prefieren, donde se premia la paralización de las actividades edificatorias en nombre de los excesos expansivos de una ideología conservadora. No descubro nada diciendo que las cosas son así y que de esta contradicción ideológica no vamos a salir nunca, aunque tengamos que vivir en la intemperie. Diciendo esto te arriesgas a que te llamen negacionista y cosas peores.

El alcalde de Brunete ha desempolvado un viejo proyecto, congelado en la época de la burbuja inmobiliaria, y automáticamente le ha salido la crítica exigiendo que las cosas se queden cómo están y que la paz del vecindario no se altere, a pesar de que un Mercadona se fue del pueblo por falta de ranking. Rodear de polos de desarrollo a las grandes ciudades fue utilizado como un último cinturón que hiciera de límite del crecimiento. Esta era la idea que inspiró en Inglaterra a las ciudades jardín de Evenezer Howard, con la autonomía suficiente para crear núcleos estables que hoy son centros generadores de bienestar. Esto ocurrió a finales del XIX y principios del XX, basado en la actuación sobre Chicago después del terrible incendio que arrasó a la ciudad.

Fernando Peinado entrevista a jóvenes de Brunete que prefieren seguir viviendo en un municipio de 11.000 habitantes antes que convertirse en un pulmón que dé respiro a la asfixiante situación de escasez de viviendas. No está bien explicado. Por eso la posición romántica se coloca por encima de la necesidad. El problema de la vivienda está provocado por una circunstancia ideológica y su solución se ve entorpecida por el mismo motivo. No se construyen viviendas porque la sospecha de la especulación sigue sobrevolando sobre el proceso edificatorio. En realidad no conozco a un promotor que se arriesgue a intervenir en el sector por la inseguridad jurídica que puede acarrear la lucha contra cierto tipo de activismo.

El artículo de Peinado, que se debe hacer la raya en sentido contrario a la del juez, pone el foco, que es como se dice ahora, en el aspecto pernicioso del desarrollo urbanístico como herramienta fundamental para corregir una falta de demanda que interviene de forma nefasta en el mercado. Volver a lo de la fiebre del ladrillo no ayuda. Ese es el auténtico problema.

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