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Comentario leve después del comite

Por Julio Fajardo Sánchez
domingo 28 de junio de 2026, 14:00h

El debate sobre la continuidad de un Gobierno que no gobierna se complica cuando se le pretende encontrar un encaje constitucional. Otra cosa es buscarle una justificación política. En este aspecto la cámara se ha manifestado con claridad desde el momento que aprueba iniciativas no vinculantes para demostrar la carencia de apoyos con que cuenta el Ejecutivo y pone en pie la existencia de un bloqueo que impide cualquier acción legislativa, entre ellas la de aprobar unos presupuestos que se reconocen como el pulmón fundamental para el desarrollo de una política, progresista o no, que es donde se plasman todas las voluntades programáticas.

La discusión teórica es la falta de coraje para presentar una moción de censura, poniendo como ejemplo la de Felipe González un año antes de ganar las elecciones por una mayoría abrumadora. Según parece los efectos de aprobarse la propuesta de una moción de confianza o de convocatoria de elecciones no es lo mismo, como tampoco es el mismo el líder socialista al que ahora los suyos llaman traidor. El Congreso no es el escenario donde se resuelvan las cuestiones políticas porque allí se van por el sumidero de los insultos y los improperios. A falta de aunar voluntades en un proyecto de resistencia se recurre a la unanimidad de un Comité Federal donde se zanjan todas las carencias que sufre el país.

Pedro Sánchez ha logrado cerrar filas en Ferraz, pero no ha conseguido que esto se convierta en un grito que convenza a la ciudadanía. Ni siquiera en el programa La Sexta Noche, celebrado el mismo día, los intervinientes están por la labor de dar la imagen de haber superado todos los escollos. Ahora surgen figuras nuevas que se abren paso en las tertulias televisivas, como es el caso del valenciano José Muñoz que anoche se quedó solo, como un bolardo en la carretera. Ya no sale Enma López, nueva candidata a la alcaldía de Madrid, en una carrera desesperada para evitar una debacle que viene cantada desde hace años.

En Ferraz la discrepancia se ha limitado a pedir autocrítica y los han llamado de todo menos bonitos. Se ve que este ejercicio no es compatible con el nuevo modelo de democracia que se trata de imponer en un mundo cada vez con mayor tendencia a la autarquía. Todos han salido con la moral renovada porque les han dicho que volverán a ganar las elecciones. Es legítimo. Nadie sale a perderlas, pero es solo una cuestión doméstica, y significa que se ha abierto una campaña electoral sin haber fijado una fecha para los comicios. No se sabe para cuando, pero es así.

Las caras han cambiado con respecto a las últimas reuniones donde el pesimismo se podía cortar con un cuchillo. Las cosas no son diferentes, nada ha cambiado. Se podría decir que han empeorado y que se harán insoportables a medida que avance el calendario judicial. Ya se escuchan voces de analistas que hablan de las malas artes de la judicialización política, pero es que el Parlamento está vacío de contenido, imposibilitado, y solo sirve para mostrar a la ciudadanía que el enfrentamiento es la pauta definitoria del único comportamiento posible.

Ayer se ha celebrado el Comité Federal de los socialistas, con Patxi López en la cúpula de los voceros del sistema. Entraremos en julio que será la prueba de fuego antes de irnos de vacaciones en agosto. Entonces España estará comentando la jugada en un chiringuito de playa, y volverá septiembre, y el calvario, y la confianza estará por los suelos sin que nadie lo pueda remediar. Anoche Yélamo no tuvo ocasión para hablar de una recuperación. Hasta Guardans estuvo comedido en su alineamiento con un progresismo que no es acorde con su currículum.

Hay dos realidades en España. Lo que ahora se llama dos realidades paralelas. Una encerrada entre las paredes de un Comité de partido y otra en la calle y en la opinión pública. Se nota la existencia de un triunfalismo forzado por las arengas, pero es solo eso. En el fondo Page tiene razón para estar preocupado; y la alcaldesa de Palencia también. Luego hay una masa esperanzada en que vuelva a ocurrir el milagro y el genio de la lámpara maravillosa los saque de esa crónica de una muerte anunciada de la que se apercibe todo el país menos ellos. Pero el tiempo no es el mismo, y ahora se apoya en la presunción de inocencia de alguien al que se ha considerado como la excepción de la contundencia.

Sánchez arriesga demasiado ligando su destino al de Zapatero. Un asunto que podrá vender como un triunfo en los tribunales defendido por aspectos procesales, pero que moralmente va a ser muy difícil de recuperar. Lo mismo de siempre: aprovechar la circunstancias de los dos planos, el legal y el político como un salvavidas de dos caras, igual que en el debate de la moción de censura imposible y del derecho constitucional a que las legislaturas duren cuatro años. Esos son los argumentarios, junto con los ataques al juez Calama por permitir la filtración de unas agendas. Las agendas son como un diario. Algunos escritores no tienen inconveniente en publicarlos y dicen mucho de su personalidad. Yo he leído los de André Gide y los de los hermanos Goncourt, y hasta el Diario de un genio, de Salvador Dalí, y he aprendido mucho con ellos.

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