www.canariasdiario.com

Cambalache

Por Julio Fajardo Sánchez
viernes 26 de junio de 2026, 07:00h

Juan Manuel se queja de la impostura en la Universidad y los comentarios amplían el campo de batalla, como en el título de la novela de Houellebecq. Reconocer que vivimos en un mundo lleno de tramposos no es descubrir nada. Ese es el comportamiento premiado por una sociedad de mérito donde imperan el fraude y el engaño. Siempre ha sido así, aunque ahí esté el cielo para colmar el triunfo de la vida de los justos. Busco refugio en esa cultura popular del tango asistida por los observadores de la realidad. Me quedo con el Cambalache, de Enrique Santos Discépolo, y observo que el mundo fue y será una porquería en el 510 y en el 2.000 también.

A veces me siento integrado en el grupo de los chorros y amargaos y otras en el de los barones y dublés. Depende de cómo me vaya el día y, fundamentalmente de las noticias que he leído en la prensa. Ayer se colapsaron las autopistas cuando Patxi López dijo que las calles se llenaron de millones de españoles gritando que estaban con Begoña. Es un movimiento exagerado el que asegura que una mayoría invade el ambiente para manifestarse en contra de la justicia. No tengo capacidad de reacción y hago mía la protesta de Juan Manuel de cómo se lucha desde la cátedra para imponer la mediocridad, de la misma forma con que se moviliza a la opinión política en la fábrica de un mito.

El Cambalache de Discépolo no me consuela, pero disfruto oyendo a Gardel, a Sosa, a Rivero o a Goyeneche riéndose del mundo y poniéndolo al natural y descarnado, igual que si fuera un buey desollado pintado por Rembrandt. Ante la insolencia no nos queda más que la virtud, y ante la soberbia el gozo de sentirnos humildes, como nos enseñó el galileo. Siempre han existido personajes que se apropian de la buena voluntad de los demás para obtener unos minutos de gloria. Después quedan al desnudo mostrando su ignorancia, escondidos tras esa nube inmensa que envuelve al populismo.

El cambalache anda suelto por todos lados. En contraposición marchan los mansos, conformes con que los cambalacheros sigan haciendo de las suyas. Juan Manuel disfruta de la paz de los eméritos, pero esto no significa que no se escandalice con lo que sucede a su alrededor. Cambalache es un tango sabio. Yo creo que casi todos los tangos lo son, como aquello que se incorpora a la música para pasar a formar parte de la memoria colectiva; salvando la invasión de los bodrios que nos intentan meter con calzador a través de la llamada cultura popular. Ante eso, lo mejor es adoptar la contemplación pasiva y asimilar a los cambalaches la enorme cantidad de agravios oportunistas que solo persiguen el aplauso de los mediocres.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios