Iván Redondo recrea un escenario para unas elecciones en 2027 lleno de condicionales. Si ocurre esto o si ocurre lo otro, cómo quedaría Sánchez en el escrutinio es la norma de su análisis, introduciendo siempre factores ajenos a lo que sucede en nuestro país. Habla de Groenlandia, de Venezuela, de Suecia, de Trump, de Lula, como si las campañas electorales se fueran a desarrollar en función de acontecimientos externos, o como si la figura del candidato dependiera de su proyección internacional, cada vez más aislada y deteriorada. Redondo espera que cambien las cosas y ese 2027 sea más propicio a sus deseos, aunque el mundo avance irremisiblemente hacia otro lado sin visos de recuperarse.
La estrategia se centra en procurar el crecimiento de Vox y en este sentido aparece la encuesta de 40db, de El País, donde le dan un 18%. En 2027 estarán en marcha los gobiernos autonómicos PP-Vox y Sánchez moverá el avispero advirtiendo de la derechización que nos amenaza, en un mundo cercano que estará absolutamente derechizado. No sé si esta estrategia le dará resultado, pero es la única que tiene y la que está alimentando cada día.
La política, como el ajedrez y como el fútbol, es una ciencia destinada a controlar los espacios. Se parece bastante al baloncesto, donde hay que hacer bloqueos para liberar un tiro cómodo la entrada de un jugador a canasta. Dicen que Sánchez sabe de este deporte. El problema consiste en que sus votantes lo entiendan. Esa superabundancia de charos que ahora se hacen visibles puede resultar como el anuncio del banco de Sabadell, cuando la entrenadora dice: “repitan conmigo” y sus pupilos dicen: “conmigo”.
Redondo no anda de vaticinador, ni siquiera de estratega. Se limita a elucubrar, algo poco seguro para un gurú que presume de tener un asesoramiento casi infalible. El de hoy es un artículo donde transmite poca esperanza. Lo suelo leer cada lunes y en esta ocasión me traslada una sensación de pesimismo fúnebre. No habla de Venezuela, cuando es una de las bazas de compromiso que hay que despejar. Venezuela no ha hecho más que empezar y las encuestas no han tenido tiempo para medir cuáles son las expectativas que arrojará sobre nuestro posicionamiento local. Por el momento la bulla está situada a la izquierda del PSOE, y esto, de alguna forma, no le viene bien porque le salpica y compromete. Ahora toca Irán, otro asunto donde habrá que adoptar una postura comprometida. No hay mucho que sacar de ahí. Al fin, solo queda Vox como único gran arma para sobrevivir. ¿Es esto lo que espera Redondo? Según parece Sánchez ya ha superado los días de gobierno de Zapatero y de Aznar. Le falta Felipe González. Esto no lo digo yo, lo afirma el analista. Dios nos libre de que la política española se haya convertido en la ambición por batir un récord personal.