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De nuevo Chile

Por Álvaro Delgado
lunes 05 de enero de 2026, 22:54h

Hace poco más de un año publiqué en este digital una columna de opinión titulada “El luminoso ejemplo de Chile”. En ella loaba el ejemplo dado al mundo por los políticos chilenos tras el fallecimiento -en desgraciado accidente de helicóptero- del expresidente centroderechista Sebastián Piñera (2010-2014 y 2018-2022), cuyo funeral de Estado generó -además de desbordantes muestras de cariño popular- una demostración modélica de reconciliación política nacional con la presencia junto al féretro de todos los ex presidentes vivos (a excepción del enfermo Ricardo Lagos).

Tanto el vigente presidente izquierdista Gabriel Boric (2022-2026) como la ex presidenta socialista Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018), glosaron la figura pública de su viejo rival fallecido, y reconocieron su gran aportación política y personal a la convivencia democrática de los chilenos, pese a los duros momentos -especialmente económicos y sociales- vividos por el país durante su segunda presidencia.

Cualquier comparación de esa impecable educación con el muro infranqueable que Sánchez, Zapatero, Iglesias o Rufián han querido levantar frente a la derecha en España debería producirnos a todos un gran bochorno nacional. Los españoles tuvimos a Franco y los chilenos a Pinochet, pero ellos son capaces de entender que no existe verdadera democracia sin una alternancia civilizada.

Hoy de nuevo Chile ha ofrecido al mundo una impecable muestra de educación y respeto democrático. Tras la incontestable victoria electoral de quien será nuevo presidente desde el 11 de marzo de 2026, el derechista José Antonio Kast, han vuelto a sucederse algunos acontecimientos políticos ejemplares que resultan inusuales en otros parajes mucho más cercanos. Por un lado, la impecable actuación del presidente saliente Gabriel Boric, quien manifestó públicamente que la tradición republicana chilena exige la felicitación al nuevo presidente electo y su deseo de los mayores éxitos al pasar a ser el presidente de todos los chilenos. Por su parte Kast, en el acto de celebración de su gran victoria, hizo callar a un grupo de simpatizantes que abucheaban a su derrotada rival, la comunista Jeanette Jara, exigiendo respeto para su figura y glosando su mérito en la defensa sus ideas considerando que -pese a sus discrepancias políticas- había competido noblemente defendiendo lo que ella consideraba lo mejor para el pueblo chileno.

La permanente sensación de asco en la que se desarrolla, en los últimos tiempos, la política española genera en quienes nos consideramos demócratas antes que lacayos de ninguna ideología una indisimulable envidia hacia lo que sucede habitualmente en Chile. Una clase política que, pese a sus profundas discrepancias ideológicas -y pudiendo servirse también del pretexto de una vieja dictadura-, resulta capaz de ofrecer los ejemplares comportamientos públicos exhibidos por Boric, Bachelet, Kast, Jara o el difunto Piñera debe producirnos una admiración incondicional.

Envidiando sanamente lo que sucede en esa gran nación del cono sur americano, solo nos queda enviar a los lectores habituales nuestros mejores deseos para el recién estrenado 2026. Con el anhelo añadido de que todos los patéticos odiadores españoles se vayan este año al infierno (o a la cárcel).

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