Las primeras noticias de esta mañana eran las bravatas de Nicolás Maduro, su declaración de estado de consorcio y el llamamiento al pueblo venezolano a la lucha armada. Hace unos minutos todo ha cambiado y Trump anuncia que ha capturado al presidente bolivariano y se lo ha llevado a EEUU. Ha sido una acción rápida al estilo de las películas de James Bond, pero en esta ocasión, según parece, se lo han llevado vivo, no como a Gadafi, a Ben Laden o a Sadam Hussein.
Este es el momento de comprobar cuál es la fuerza de la revolución, hasta dónde puede llegar la lealtad de los militares corruptos del chavismo. No sé si cabe decir lo de muerto el perro se acabó la rabia, que fue una desafortunada frase de Antonio Gala a la muerte de Franco. No fue así. El perro siguió mordiendo un año más, a pesar de que en este 2025 que acaba de extinguirse se haya celebrado el inicio de la Transición. Sospecho que esto ha sido intencionado para dejar de creer en ella definitivamente. El relato actual va por otro camino.
Venezuela puede iniciar un proyecto de reconciliación. El primer paso se dio cuando Edmundo González Urrutia ganó las elecciones que Maduro se pasó por el arco del triunfo; el siguiente, la concesión del Nobel de la paz a María Corina, que significó el reconocimiento de lo que queda del mundo democrático occidental.
No sé si es bueno que detengan a Maduro. Después de la batalla de Pavía tuvimos prisionero a Francisco I en la torre de los Lujanes, de Madrid, y nos salió por un ojo de la cara. Aún es pronto para medir las reacciones políticas ante esta noticia que nos coge de sopetón. Habrá para todos los gustos, pero abundarán las que se refieran a un atentado al derecho internacional y equiparen a Donald Trump con Putin y su operación especial en Ucrania.
El mundo es un tablero de ajedrez y no se mueve una ficha sin dejar desprotegida a otra. Así es el juego. Lo que se demuestra es que hay resistencias que no son tan inexpugnables. A veces son solo un eslogan y más falsas y endebles que el mago de Oz. Solo es necesario ponerlas a prueba para comprobar su fortaleza.
A Maduro lo dejarán solo, igual que a todos los resistentes, que lo son en base a las conveniencias de los que los apoyan. Los venezolanos no se echarán a las calles para defender a un sátrapa, a un fantoche bailarín que ridiculiza permanentemente la imagen de un país. Ya no dispondrá del micrófono y el biombo y toda su mentira quedara al descubierto. Se ha quedado sin ranking. Esto no ha hecho más que empezar.