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Las sombras del jueves santo

Por Juan Pedro Rivero González
jueves 14 de abril de 2022, 05:00h

El final se inició en una comida con sus amigos más íntimos. Una efeméride cultural y religiosa de la tradición judía que recordaba, con una cena especial, la liberación del pueblo de aquella esclavitud a la que fueron sometidos en el Egipto de los faraones. La cena del Paso a la libertad: la Pascua. En aquella familia especial, tejida por la amistad y la misión, una cena de memoria de libertad.

Pero algunos gestos cambiaron la historia. Un gesto aparentemente inadecuado, de humillación radical: lavarles los pies a los comensales por parte del anfitrión. Y una explicación sencilla y elocuente: “Haced vosotros lo mismo”. Un gesto ordinario de repartir el pan partiendo la hogaza, y una explicación extraña: “es mi Cuerpo”. Un brindis con la última copa, el final de una comida normal; y una explicación: “mi Sangre que se entrega”. Y cantos y bendiciones, y juntos nos vamos al Monte de los Olivos.

Algo extraño sobrevolaba el ambiente. Parecía una despedida. Las sombras de la desconfianza y el recelo se olían a ratos. El sueño y el cansancio les pudo; y apareció en escena un beso tan tierno como traicionero. Y así, ensombrecido por la traición del amigo, comenzó el final. Así parecía acabar la historia de una ilusión de libertad. Todo acabó con un beso.

Y desde entonces, cuántos besos traidores y cuántos abrazos cargados de desconfianza y recelo. ¿Cuántos más habrá? ¿Cuántos inocentes sufrirán el vómito envenenado de la mentira que manipula las condiciones para que venza la sentencia injusta? ¿Cuántos inocentes de cuántas guerras inventadas?

El día del amor fraterno siempre amenazado por la sutileza de la discordia y la daga de la traición. Y, sin embargo, el amor venciendo y el perdón triunfando. Son las cosas de ese virus introducido en la convivencia social que hace que los vencedores pierdan y las víctimas venzan. El triunfo de la otra mejilla y del cómputo ilimitado de los setenta veces siete perdones. La victoria del servicio en el campeonato de los poderosos. Sombras de jueves santo…

¡Quién iba a imaginar que la razón fuese embestida de esa malévola forma por la mentira! Y ese enfrentamiento, sin lucha, que hace vencedora a la mentira, con el mismo dinamismo la hace hundirse en el cieno profundo del sin sentido. Sombras disipadas por la lógica de un devenir que es roto por el triunfo del inocente. Aunque haya que esperar. Aunque haya que sufrir la espera.

No solo hemos de hacer como Él; nos va a pasar lo que a Él. Recibiremos la felicitación traidora de quienes nos quieren mal bajo apariencia de domingo de Ramos. Nos sonreirán con una mueca cargada de soledad y, cuando todo esté para concluir, aparecerán las sombras de la desconfianza y de la mentira urdiendo desesperanzas y mordiendo inocencias a dentelladas salvajes de culpabilidades deseadas.

No pasa nada. Son las sombras del jueves santo. Siempre aparecerán. Ya lo señaló el leño verde que nos dijo que no tendríamos donde reclinar la cabeza. Todo quedará a la espera tras la piedra de un sepulcro frío y luminoso. Porque la verdad triunfa. Porque la razón vence. Porque la mentira tiene las patas pequeñas. Y se la coge pronto. Porque la verdad es la que conquista la libertad de tantos otros egiptos y de tantos otros faraones.

Juan Pedro Rivero González

Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife

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