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La reconstrucción de la economía canaria

Por Paulino Rivero

El empleo está siendo amenazado, como nunca antes, por la crisis sanitaria del coronavirus. Según cálculos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la epidemia puede llegar a destruir más de 25 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, con lo que se superaría la gran factura laboral de la gran crisis financiera, que dejó en el paro a un total de 22 millones de personas entre el 2008 y el 2009. Advierte la Organización Internacional del Trabajo que esta pérdida de empleos supondrá un descenso brutal de los ingresos de las familias, con un impacto negativo cuantificado en más de más de tres billones de euros para finales del 2020, lo que se traducirá en menos consumo de bienes y servicios, perjudicando a las empresas y a las economías de los países.

Indudablemente, el tsunami económico -y social- que se nos viene encima se sumará al dolor desgarrador que está dejando el COVID-19. El cataclismo económico que ya estamos sufriendo -en Canarias con mayor intensidad por el cierre turístico- traerá pérdida de empresas, paro y un nuevo retroceso a nuestro bienestar -sin habernos recuperado del daño causado por la crisis del 2008-. Mientras la ciencia no materialice un medicamento efectivo para derrotar a la pandemia, el arma más efectiva para hacerle frente -el confinamiento de los ciudadanos- paraliza la economía y sume al mundo en un caos económico de consecuencias impredecibles. Sin duda, la prioridad debe ser la lucha contra la enfermedad y la atención a los afectados, pero ello no obsta para que se vayan adoptando medidas que palien la hecatombe económica y social que ya empieza a paralizar empresas y trabajadores.

Las consecuencias para Canarias de la paralización de la economía, por culpa del virus originario de la ciudad china de Wuhan, pueden ser catastróficas. El turismo y el ocio en general van a ser los grandes perjudicados de esta nueva crisis económica provocada por el COVID-19. Ya en la reflexión que hice en este mismo espacio el 8 de marzo señalé -bajo el título de “Canarias necesita medidas específicas”- algunas ideas que creo oportuno recuperar:

“Las autoridades españolas reconocen ya públicamente que la extensión del coronavirus va a afectar -de hecho, ya está afectando- al turismo, sin duda el sector que más aporta al PIB del país. Obviamente, también está castigando al conjunto de la economía y al empleo, una crisis de dimensiones aún desconocidas que obliga a preparar sin demora un paquete de medidas para paliar sus efectos. La epidemia -que afecta ya a más de cien mil personas en todo el mundo y ha causado ya más de tres mil muertos- incrementará progresivamente su impacto directo en el turismo y sobre la economía española. Ni España ni Canarias podrán quedar al margen de la onda expansiva global que el virus ha traído consigo.”

Pocos días después, en un artículo publicado el 14 de marzo -titulado “Medidas urgentes”- apunté:

“Indudablemente, el efecto de la caída del turismo será más duro en Canarias. El turismo es el motor de nuestra economía, significa casi el 35% del PIB y del empleo directo. Además, es difícil identificar un sector económico en las islas que no esté relacionado -directa o indirectamente- con el turismo y los servicios en general. La situación generada por el coronavirus exige de medidas urgentes que garanticen la atención a los afectados y, por otra parte, de medidas económicas que ayuden, primero, a atenuar el impacto que va a suponer el frenazo a la llegada de visitantes y, segundo, medidas incentivadoras para la recuperación del sector turístico canario”.

La recuperación de la ocupación turística después del coronavirus dependerá también de los países emisores y de las condiciones en las que pueda operar el transporte aéreo. Sea como fuere este año va ser muy duro, muy posiblemente en términos económicos y laborales el año más duro que recordemos -y recordaremos-. Quizá sea el momento de recuperar el plan de renovación e innovación turística de Canarias y comprometer seriamente al Gobierno de España con recursos económicos que al propio tiempo ayudan a generar trabajo en el sector de la construcción. Hacen falta herramientas para reconstruir la economía canaria. Los planes de renovación e innovación pueden ayudar en esa dirección.

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