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La cola de la vaca mira a derecha e izquierda

lunes 13 de abril de 2020, 13:24h

Seguimos confinados con un comportamiento ciudadano ejemplar, que demuestra la responsabilidad de una sociedad madura. Modélico es la mejor definición de una población que sabe comportarse, adaptarse a las circunstancias y obedecer inteligentemente las recomendaciones emanadas de las autoridades civiles o sanitarias. Es para sentirse orgulloso de todos, de cuantos están aportando de una manera u otra lo mejor que tienen y saben. En las situaciones de crisis, es cuando sale a relucir lo que cada uno es capaz de hacer, que siempre es más de lo que uno mismo piensa. Estamos asistiendo a comportamientos heroicos, desinteresados, vocacionales, es más, a proceder con altruismo. Aplaudir para dar las gracias, se ha convertido en una forma más de hacer comunidad, de transmitir apoyo o de manifestar la aprobación a lo que se hace bien, porque la gratitud en silencio no sirve para nada.

Otra cosa es lo que estamos sufriendo de unos políticos tremendamente egoístas, irresponsables, ególatras. No todo son iguales, pero casi todos son parecidos. Una crisis sanitaria como la que padecemos tendría que provocar un esfuerzo conjunto para vencer la pandemia. Sería lo correcto, lo más adecuado y por supuesto lo deseable. Pero la realidad es todo lo contrario, un frentismo vergonzoso, que anula la autocrítica y potencia la culpabilidad ajena. La soberbia del que ostenta el poder no da cabida a la humildad que requiere reconocer los errores cometidos, que ya son unos cuantos. Además de intentar meter por todas las rendijas posibles, inyecciones ideológicas, para anestesiar a la sociedad. Ya sabemos que la situación soportada es novedosa a nivel global, pero eso no significa inmunidad para hacer o deshacer al antojo de lo hago porque me da la gana y encima porque quiero. Pedir la unidad de acción, desde la atalaya de la arrogancia, sólo es un brindis al sol, que lleva a una crispación mayor e insoportable. En el bando contrario, también hay deficiencias destacadas, empezando por anteponer la búsqueda de un liderazgo de su espectro ideológico, a ser proactivos, aportando más que criticando. Además, hay que sumar la batalla campal que se lidia principalmente en las redes sociales, utilizándolas como banderín para defender o censurar, según se esté en el gobierno o en la oposición. Todos reprueban las falsas noticias, los trolls que inundan con mensajes engañosos, el anonimato como escudo para difamar, calumniar, mentir o despistar. Pero visto lo que se ve, parece que también todos participan, derecha e izquierda, de ese engañabobos que sólo es un reflejo de las personas que están detrás de ese montaje mediático, imberbes, que se creen los más listos y simplemente son bastantes torpes.

Así estamos, con el sistema productivo parado, que seguro tendrá consecuencias incalculables y con la iniciativa privada, que por naturaleza es ágil, resolutiva, bastante operativa y eficiente, invernando. Los empresarios son aventureros, que se enfrentan a cualquier dificultad que se les pone por delante con intención de vencerla. No se arredran ante los inconvenientes, es más, suelen ser revulsivos para emprender la pelea. Ahora hay que seguir operando desde la zaga, para como un resorte, impulsar con brío la actividad económica cuando sea posible. Otra cosa son las administraciones, que no sabemos si están aprendiendo de la experiencia o solamente están viendo pasar el tiempo, para seguir igual que antes. Desde luego todo cambiará y sería conveniente que, desde ahora, ya se vaya preparando un cambio modernizador, que actualice una administración obsoleta e ineficiente, que estorba más que ayuda, que paraliza más que posibilita, porque ya no es admisible el vuelva usted mañana.

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