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Encuentro por San Juan de Ävila

Por Juan Pedro Rivero González
jueves 12 de mayo de 2022, 05:00h

Vamos a introducirnos en la dinámica de la irrelevancia social.

Hace no muchos días, en la reunión de Cáritas Regional del Archipiélago de Canarias, surgió el tema de la relevancia social de las instituciones del tercer sector. Por lo visto la significación social y la relevancia que tiene una organización, de cualquier tipo que sea, se mide sociológicamente. Suele tener importancia a la hora de hacer incidencia frente a la administración pública, así como la posible repercusión que el hecho tiene cuando una empresa o un particular realiza un donativo del que los medios se hacen eco, en cuanto a su rédito en marketing. Me sorprendió saber que el índice que Cáritas tiene en la valoración social es muy alto, casi a la par que el que posee Cruz Roja en Canarias.

¿Qué importancia tiene esta relevancia social? A mi modo de ver es consecuencia de un trabajo bien hecho, buscando la promoción de las personas con necesidades, durante muchos años. La relevancia de una institución se debe un ejercito de hombres y mujeres invisibles, anónimos, aparentemente irrelevantes, que han hecho posible este extraordinario servicio, en nuestro caso, durante 70 años de manera ininterrumpida. Pero no deberíamos buscarlo como objetivo. Porque el objetivo no puede ser la gloria del suelo, sino un servicio para el bien de las personas y lo gloria del cielo.

Lo mismo ocurre con la fiesta de San Juan de Ávila que ha reunido en la Catedral de La Laguna a todos los sacerdotes de nuestra provincia, de nuestra diócesis. Aquí ocurre al contrario que en Cáritas. La relevancia social de este grupo de personas que han consagrado su vida al servicio de los demás es mínimo, sociológicamente hablando. ¿Y eso es malo? ¿Lo valoramos negativamente?

A mi juicio es del todo indiferente. Porque la valoración que los demás hagan de nosotros no nos afecta en la medida que nuestra autoestima esté sana o enferma. Lo importante es valorar que el servicio que se presta sea capaz de ayudar a las personas y a la sociedad a ser más y mejor. Pasa como con los bomberos: la valoración social está directamente relacionada con las catástrofes que haya habido. En este sentido lo ideal es que no se les vea, porque no haya desgracia que les necesiten. Solo nos acordamos de los acuíferos cuando no ha llovido lo suficiente. En este caso, la irrelevancia es un dato positivo.

Por eso, no deberíamos preocuparnos mucho este hecho. Las semillas crecen en la tierra sin ser notadas. Un ejemplo al respecto puede ser la diferencia entre un ciprés y un manzano durante los meses de otoño. Aquel sigue elegantemente erguido, aunque sea tras las tapias de un cementerio, mientras que este es afeado por la caída de las hojas y aparece enhebrado de ramas desconectadas y aparentemente muertas. Al llegar el verano, el ciprés seguirá siendo ciprés, pero el manzano adquirirá la belleza de sus frutos, que jamás aquel podrá ofrecer.

Me gusta que el encuentro sacerdotal de San Juan de Ávila sea socialmente irrelevante.

Juan Pedro Rivero González

Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife

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