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El futuro del Turismo empieza con R de reconstrucción

Por José Luis Azzollini García
lunes 27 de junio de 2022, 10:41h

En alguna película hemos podido visionar un sistema de renovación de la planta hotelera en Las Vegas -EEUU-. Allá no se andaban con chiquitas -al menos en las películas-. Cuando una edificación ya no ofrece el lujo y comodidad que se entiende debería ofrecerse a su clientela, le aportan la adecuada carga de dinamita controlada y sobre el solar resultante, se construye algo más vistoso que lo que había anteriormente.

Desconozco que hay de realidad en todo eso que vemos a través de la pantalla, pero teniendo en cuenta que en determinados sitios -islas Canarias, por ejemplo- el espacio es el que hay y los recursos para subsistir, son lo que son, tal vez, no sería ninguna mala idea el pensar en ello. Ayudaría el abaratar los costes de demolición, al menos, desde los impuestos y las tasas.

Me consta que algo parecido se intentó -no sé si, al final, se ha continuado con el proceso- en el Puerto de La Cruz. Llegué a ver cómo algunos establecimientos hoteleros se quedaban en esqueleto y poco tiempo después, se convertían en hoteles absolutamente nuevos, pero manteniendo la estructura original -también lo vi en el sur-. En estos casos, sin demolición, pero casi. En otras edificaciones, sin embargo, las reformas solo consistían en una mano de pintura y algo de redecoración; pero, la sensación de antigualla, no se la quitaba nadie. Tal vez, por aquello de que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, o porque esto es un pañuelo y se sabe todo; esas otras reformas no cumplen los mínimos para poder hablar de renovación de la planta hotelera.

Seamos sensatos; sin un plan de actualización absoluta de nuestros establecimientos hoteleros, poco se podrá seguir hablando de liderazgo en Puerto de la Cruz, Los Cristianos o Las Américas. Afortunadamente y después de cuarenta años, ya se habla de la necesaria demolición, del desagradable amasijo de cemento y hierro oxidados que existe en la arteria principal del Puerto de la Cruz. Aun con eso, de momento, lo negativo destaca sobre lo positivo. Si solo se oyera hablar, en las noticas, de la renovación hotelera a gran escala en el Puerto, en Tenerife y/o, en Canarias en general, el impacto sería mucho mejor.

¡El Turismo es cosa muy seria! ¡Es más que cemento y especulación!

Creo no equivocarme si digo que el 80% de la población de Tenerife en particular y Canarias en General, vive de ese subsector de la producción. No vamos a entrar en cifras por no desviar la atención hacia el aburrimiento, pero cuando se dice “vivir del turismo”, no solo se refiere al mundo profesional que atiende a la clientela de forma directa. Pensemos con más amplitud, y seamos capaces de visualizar el número de personas y empresas que se quedaron en ERTE o directamente sin trabajo cuando se produjo el cero turístico por la pandemia del virus que tanta guerra nos dio -y nos sigue dando-. En el paro no estaban únicamente quienes trabajaban en los hoteles, bares y restaurantes. Había también gente del transporte; Algunas escuelas infantiles tuvieron que cerrar sus puertas; los pocos pescadores que seguían activos, se quedaron sin poder vender su pesca -restaurantes inactivos-; tiendas de todo tipo, cerraron su puerta al ver las calles desiertas, incluso después de levantarse el enclaustramiento ¿Quién tenía dinero para comprar, si no había habido trabajo?; personal de seguridad; autónomos de todas las ramas; etcétera.

Es mucha la gente que depende de que todo vuelva a resurgir -que no a saturarse- y a este ave Fénix, le costará volver de sus cenizas. Todo ha servido para aumentar lo especulativo. La parte política, ve una oportunidad de llenar las arcas nuevamente. El sector empresarial, no lo ve claro porque lleva demasiado tiempo sin recoger su cosecha y eso atrae a los compradores de hoteles. Y el mundo laboral, ahora solo piensa en que, el turismo, está volviendo y hay que recuperar lo perdido (convenios, mejoras sociales, etc.). Y eso está bien, pero sin prisas -siempre se ha dicho que son malas consejeras-. Tal vez volver a andar, sea mejor que correr ¡Un 60% de ocupación, pero de calidad, no es malo!

En estos momentos se vuelve a hablar de nuevos y grandiosos proyectos urbanísticos en zonas donde ya existe suficiente cantidad para albergar la demanda que se tiene de camas hoteleras y extra-hoteleras. ¿Qué ocurre? Pasa lo de siempre, llega doña especulación y sentada en su mecedora se dispone a tejer una colcha de cemento para adornar a la isla. Atuendo que vestirá todo el hueco que sea posible de captar desde lejos. En uno de esos proyectos se habla de buena gente que viene desde Bélgica a invertir en la isla -¿Los Reyes Magos no venían de Oriente?-. Desde allá, también nos llegó, hace muchos años, un grupo potente que se unió a gente de Tenerife y construyeron una gran urbanización en la Costa del Silencio. ¿Alguien ha pasado por allí para ver que queda de todo aquel esplendor turístico? Les evitaré el desagradable paseo: basura, abandono y apartamentos vendidos a bajo precio a, tanta gente, que no consiguen ponerse de acuerdo para adecentar el área. Claro, al final se pide ayuda al Ayuntamiento. A la misma Entidad que concedió las licencias para que se llegara a este punto de desidia. Naturalmente no son los mismos que están ahora, pero ¿eso cambiaría algo? ¡El zurrón de papá Estado es el mismo!

La única y cruel realidad es que vivimos en territorio insular y como terreno acotado, se debería planificar todo, bajo la premisa de que el suelo a construir debería ser también limitado. Todo debe estar milimétricamente estudiado para que produzca beneficio a la población en general y no solo a unas pocas manos. No nos engañemos con bonitas fotografías de los planes de desarrollo. Me dejé convencer con un Proyecto que hubo para Arico, porque en aquella zona, había muy poco desarrollo turístico y, tal vez, mereciera su crecimiento. Pero en la costa de Adeje, ¿cabe alguna cama más? ¡No, señores! Ni crecimiento desmesurado, por bonito que sea el proyecto; ni la vista gorda en el descuido de la zona de costa de nuestro territorio nacional. ¿Cuántos caseríos costeros han empezado como asentamientos ilegales o alegales en nuestras costas? ¿Cuántos, señores ecologistas? ¿Cuántos, señores de la Administración? ¿Cuánto tiempo se le dedicó al Puerto de Armeñime antes de que llegara el grupo Belga? ¿Cuánto, señores ecologistas? ¿Cuánto, señores de la Administración? Por cierto, ¿Dónde dormirán las familias que vayan a trabajar en todo lo que se pretende construir? ¿En qué cantidad de gente se prevé que aumentará las listas del paro cuando venga más gente atraída por las nuevas plantas hoteleras a construir? Demasiadas preguntas sin respuestas creíbles.

En la Playa de las Américas, en el Puerto de la Cruz, en Los Gigantes, en San Miguel, en Las Galletas, en Buenavista o allá donde, por su atractivo, sea un punto de aprovechamiento turístico, existe gran cantidad -más de lo que cualquiera pudiera desear- de edificaciones obsoletas susceptibles de ser modernizadas. Todos esos establecimientos, están sobre solares magníficos sobre los que reconstruir esplendorosos hoteles y con los que reconquistar nuestro liderazgo turístico. Evitando, así, seguir consumiendo suelo y recursos.

¡Tirar al suelo y reconstruir! Ese debería ser el plan de nuestro Gobierno.

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