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Cataluña tiene plan B

Por Paulino Rivero
El pasado domingo en Cataluña se cumplieron los pronósticos que avanzaban las distintas encuestas. Baja participación, tres fuerzas políticas en un pañuelo (PSC, Ezquerra, Junts), crecimiento de la CUP, mantenimiento de los Comunes, fracaso del PP, hundimiento de Ciudadanos y cotización al alza de VOX. A simple vista, el panorama político que ha dejado las elecciones catalanas se asemeja bastante al que ya existía, pero en el fondo hay cambios sustanciales que pueden afectar al futuro inmediato del Gobierno de la Generalitat y al de las distintas formaciones políticas catalanas, así como a las fuerzas estatales.

Una fuerza estatal, el PSC, releva a otro partido de ámbito nacional -Ciudadanos- del privilegio de ser la primera fuerza política en Cataluña. Este trueque no es cosmético, implica un cambio sustancial que puede condicionar de forma importante la composición del nuevo Govern. En la pasada legislatura catalana, los treinta y seis diputados de Ciudadanos no tuvieron espacio político para influir en las decisiones del Govern ni del Parlament; tampoco los diecisiete que tenía el PSC. El núcleo duro del gobierno independentista conformado por Junts y Ezquerra no tenía alternativa.

En el bando independentista el triunfo por la mínima del partido de Oriol Junqueras sobre el de Carles Puigdemont abre claramente las puertas a un nuevo gobierno independentista; pero, esta vez sí, con opciones alternativas. El posicionamiento político de la Junts de Puigdemont es rupturista y unilateral, con una clara renuncia al encuentro y al diálogo. Sin embargo, sin abandonar su firme y rotunda vocación histórica independentista los republicanos que lidera Junqueras son más proclives al diálogo y al entendimiento.

El nuevo Govern que presidirá el delfín de Junqueras, Pere Aragonés, será muy exigente en planteamientos rupturistas por parte de la Junts y la CUP, pero en esta ocasión los resultados del pasado domingo dejan a los republicanos de Junqueras y Aragonés con una opción alternativa que Madrid pagaría generosamente con dinero y en especies, un plan B que está y estará sobre la mesa el tiempo que dure la legislatura que ahora comienza en Cataluña. Esa opción pasaría por un Govern nucleado entorno a Esquerra y los Comunes con el apoyo parlamentario del PSC. Sin duda, este escenario alternativo puede servir de modulador del papel que van a tener Junts y la CUP en el previsible nuevo Govern.

En la situación actual, un Gobierno catalán nucleado entorno a Ezquerra y los Comunes, con el apoyo parlamentario del PSC, contaría con un amplio apoyo en Cataluña y Madrid. Una Generalitat sostenida desde fuera por el PSC daría forma a la llave que necesita Pedro Sánchez para que la legislatura estatal culmine sin sobresaltos y consolidando su alianza con sus aliados en la moción de censura.

Por otra parte, las urnas han condenado a un papel secundario e irrelevante en Cataluña a Ciudadanos y al PP. España necesita un partido que ocupe el espacio del centro político. El proyecto era el de Ciudadanos, pero Rivera lo creó y lo enterró. Por parte del PP, más allá de la pérdida de uno de los exiguos cuatro diputados con los que contaba Pablo Casado ha dado un paso atrás en su objetivo de ser el eje para aglutinar el centro-derecha en España. La indefinición y la ambigüedad que marca el discurso del líder popular han facilitado que más de doscientos veinte mil catalanes hayan confiado más en el proyecto de VOX.

En definitiva, el resultado del pasado domingo deja espacio para que el “asunto catalán” se pueda afrontar con diálogo o, en otro caso, que tengan continuidad las posiciones rupturistas que han marcado los últimos años. Hay plan A, pero también B. Esta vez sí hay fórmulas de gobiernos alternativos.
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