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Ruegos y preguntas

Por Juan Pedro Rivero González
jueves 22 de septiembre de 2022, 05:00h

Cuando recibes una convocatoria a una reunión porque eres miembro de esa asociación, el orden del día suele terminar con un último punto que reza “Ruegos y Preguntas”. Es ese espacio en el que los asistentes tiene ocasión de participar activamente y, como dice el mismo concepto, realizar preguntas o ruegos a los órganos de gobierno de la institución. En ocasiones este punto del órden del días puede durar hasta más tiempo que el resto de la sesión.

En las ruedas de prensa, por otro lado, tras la intervención del interesado, a los periodistas presentes se les permite realizar preguntas. Y así termina la comparecencia, respondiendo a las cuestiones que se plantean. Una rueda de prensa sin preguntas finales es mal acogida por los profesionales de los medios. Son preguntas, en este caso no son ruegos. Los ruegos suelen estar presentes, más bien, en los manifiestos públicos de algunas asambleas o reuniones institucionales como manera de participar en la vida pública con ruego a las administraciones públicas. Preguntas y ruegos; esta es la cuestión.

Rogar no es exigir. Las exigencias responden a derechos de quien las expresa. Responden a elementos presentes en la ley que se han olvidado de cumplir o se han pospuesto por algún motivo. Se exige lo que se debe. Pero se ruega lo que no es debido. Se solicita, de alguna manera, apelando a la buena voluntad de alguien. Por eso nos enseñaron que las cosas había que pedirlas por favor.

Siento que estamos en la sociedad de las exigencias. Y no es malo que se exija el cumplimiento de lo que es debido. Pero es una sociedad que ha olvidado el ruego, el por favor. Y esto es más una actitud que un modo de organización social.

El Papa Fracisco, ya hace años, proponía a los matrimonios que dijeran todos los días, entre ellos, si querían que la relación de pareja funcionase, tres palabras, o tres conceptos, que son símbolo de actitudes: Por favor, gracias, perdón. No imagino la dinámica de las exigencias en el seno de una pareja; peligroso concepto en ese espacio vital. Y, de esta manera, desde las distancias cortas, el ruego se puede convertir en esa piedra que cae al estanque y va generando ondas concéntricas que atraviesa toda la vida social.

Rogar no te convierte en servil. Tampoco pedir por favor aquellas cosas de las que tienes derecho. Rogar es poner libertad en manos del otro y responsabilizarlo de sus actitudes. Rogar es una actitud constructiva que tiene más poder que el que imaginamos. Rogar destruye las grietas de la violencia y los argumentos de la guerra. Pero hay que saber rogar y hay que saber escuchar el ruego.

Rogar nos sitúa socialmente en la dinámica de la gratuidad. Porque todos valoramos más un regalo que la compra de ese mismo objeto. No es lo mismo que lo adquieras con tu esfuerzo, que lo recibas como don. Hay un vínculo nuevo y distinto con lo dado. Me desprendo más fácilmente de lo comprado que de lo recibido como don. Por eso es tan interesante ir más allá, sin renunciar a las exigencias debidas, de la cultura de la reivindicación.

Bienvenido el último punto del orden del día.

Juan Pedro Rivero González

Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife

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