www.canariasdiario.com

La lenta agonía de una época maravillosa

martes 08 de octubre de 2019, 04:00h

La muerte de Ginger Baker, el que fue uno de los considerados mejores baterías del rock, es otro hito triste en la lenta agonía de la maravillosa época que para la música popular fueron los años que van desde principios de los años 60 a finales de los 70 del siglo pasado.

Partiendo de las invenciones introducidas por los pioneros del rock-and-roll en la segunda mitad de los 50, en los años 60 se produjo una explosión de creatividad e innovación sin precedentes (ni consecuentes), iniciada en el Reino Unido y seguida en Estados Unidos y después en el resto del mundo de cultura europea.

En esa época se experimentó con todo tipo de alternativas musicales y nacieron la mayoría de los estilos que han acabado configurando el variado universo de la música popular, que incluso ha adoptado el término Rock como denominación genérica. Se crea el pop, el power pop, el blues rock, el soul, el rythm and blues, el funk, el jazz rock, el rock sinfónico, el rock psicodélico, el country rock, el folk eléctrico, el folk rock, el art rock, el tecno, el hard rock, el heavy metal, el latin rock, el rock avant-garde, el rock experimental e infinidad de otras formas y estilos mixtos o híbridos, y surgen centenares, millares de grupos con un nivel de calidad y originalidad desconocidas hasta el momento.

Para los que éramos adolescentes a mitad de los 60 y veinteañeros avanzados a finales de los 70, la música de esa época es la banda sonora de nuestras vidas, la que nos ha acompañado, y nos sigue acompañando, en nuestra peripecia vital, la que siempre está ahí para sublimar los buenos momentos y acunarnos en los malos, surgiendo de los viejos (o nuevos) vinilos, o de los CDs o de los modernos sistemas de transmisión en continuo, pero siempre envolviéndonos como un manto protector.

Ginger Baker fundó junto con Jack Bruce, bajo y voz y Eric Clapton, guitarra y voz, el grupo Cream, uno de los primeros “power tríos” y también uno de los primeros supergrupos, pioneros en mezclar estilos: blues rock, hard rock, rock psicoldélico, entre otros y él personalmente fue de los que empezó a tocar, y grabar, largos solos de batería, similar a los solos habituales de los músicos de jazz, si bien en ocasiones un tanto excesivos, como la canción Toad, que en la grabación realizada en directo y publicada en el álbum Wheels of Fire, llega hasta casi los 16 minutos de duración.

Ese estilo “jazzístico” fue después seguido por otros grupos, que enlazaban solos de cada uno de sus componentes, especialmente en las actuaciones en directo, como Emerson, Lake and Palmer, pero también en grabaciones en el estudio, como Iron Butterfly en el tema In-A-Gadda-Da-Vida, solo por poner dos ejemplos.

Para nosotros, esa época nunca se acabará mientras estemos vivos y en uso de razón, pero, sin duda, va agonizando lentamente con nosotros y con los músicos que la protagonizaron. Por más que nos dejemos llevar por la nostalgia y sigamos llenando, más que nunca, los conciertos en los que tocan músicos de aquel tiempo, lo cierto es que los supervivientes, aquellos que no murieron jóvenes por los excesos de drogas y alcohol, o por accidentes o enfermedades, están ya entre los sesenta y muchos y los ochenta y algo (Ginger Baker tenía 80 años) y, poco a poco, se van marchando, como nosotros mismos (¿quién a nuestra edad no ha perdido ya algún amigo o familiar? Por más que se diga aquello de que “los viejos rockeros nunca mueren”, no deja de ser sino la expresión de un deseo imposible.

En los últimos años ya nos han ido dejando, entre otros muchos y solo a título de ejemplo, Jack Bruce de Cream como Baker, John Wetton de King Crimson y Asia, Keith Emerson y Greg Lake de Emerson, Lake and Palmer, Danny Kirwan de Fleetwood Mac, Gren Frey de Eagles, Signe Anderson, Paul Kantner y Marty Balin de Jefferson Airplane, Richard Wright de Pink Floyd, Ray Manzarek de los Doors, John Lord de Deep Purple, y el gran Leonard Cohen.

Es cuestión de tiempo que, como dice la letra de la canción de los Beatles, todos nos desvanezcamos en la bruma, pero tampoco tenemos prisa y no es cuestión de dejarse llevar por la melancolía. Mientras podamos, seguiremos disfrutando de la lenta agonía de esa época maravillosa, continuaremos yendo a los conciertos y viviendo acompañados de su música, sin que ello signifique, por supuesto, que no gocemos también de otras formas musicales, cultas, clásicas, modernas o populares.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Canariasdiario.com

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.