Una encuesta de El Español dice que el PP obtendría 149 escaños mientras que los grupos que apoyaron la investidura de Sánchez se quedarían en 142. Es solo una encuesta hecha después de los incidentes de Ceuta y en medio de la escandalera con el ático de Ayuso. En paralelo, publica El País un artículo sobre la potra de Sánchez (Rufián dixit), incidiendo en la retahíla de desgracias sucedidas desde que accedió al poder y cómo éstas no han sido importantes para el desgaste del Gobierno. El Gobierno sufre por otras razones y las desgracias sirven para acreditar la resistencia como marca principal de la casa para aguantar. Pandemias, guerras, volcanes, danas, incendios, trenes, etc., solo han servido para apuntalar un barco capaz de sobrevivir a todas las tormentas.
No es de ahí de dónde vienen los males. Hay que buscarlos en otro sitio. Dicen que no hay que hacer mucho caso de los sondeos, que solo son tendencias, retratos de un momento determinado que un acontecimiento sobrevenido puede hacer cambiar. Las tendencias indican una alteración en el panorama internacional y aquí las preferencias van, de un tiempo a esta parte, hacia la alineación con el sector que lleva las de perder en la Europa a la que pertenecemos: ese eje China Irán que apoya sin éxito a las dictaduras sudamericanas. Ahora Defensa pone el grito en el cielo por la instalación de una planta de coches chinos en Ferrol, muy cerca de Navantia.
Creo que una de las razones que debilitan al Gobierno es el método que utiliza para su supervivencia, las alianzas que se ve obligado a suscribir para mantenerse en el poder. La gente conoce el riesgo de esta clase de política y teme entrar en una deriva de la que va a ser muy difícil salir. No se sabe por qué el rechazo aumenta, pero no se trata exclusivamente de los casos de corrupción, que siempre se resuelven con el y tú más. Es otra cosa. Sobrevuela la sospecha de un giro ideológico hacia la radicalidad que afecte a todo el país y ponga en peligro el mantenimiento del sistema. Estas cuestiones no tienen fácil solución porque en el otro lado aseguran que las alarmas se desatan por lo contrario, que en el fondo viene a ser lo mismo. Así, unos por otros, consideran que lo que nos destruye está en el lado contrario, siguiendo la reflexión de Unamuno sobre los hunos y los hotros. Ante esta situación no hay salida.
Se dice que en las filas socialistas, Page y Felipe González, llaman a una rectificación que pasa por la eliminación del líder. Lo veo francamente difícil. El arraigo y la implantación de los nuevos modos han llegado demasiado lejos. Hablo con viejos socialistas y tienen la misma sensación de incertidumbre. Gente progresista que poco tienen que ver con la representación política actual de cierta izquierda, me dicen que no ven una salida clara a todo esto. Saben que hay que darle solución, pero no tienen idea de cómo hacerlo. Yo tampoco lo sé. De lo que sí estoy seguro es de que la forma no es dando gritos triunfalistas de somos los mejores.