Algunos periodistas. Marius Carol y otros, dicen que la entrevista de Javier Ruiz a Zapatero ha rozado la perfección y la contundencia, respondiendo a lo manifestado por el alcalde de Madrid que la calificó de masaje. Ni una cosa ni la otra. A algunos sectores socialistas no les ha gustado y la casi totalidad de los socios de Gobierno han quedado insatisfechos. Se habla de que la declaración convencida de inocencia por parte del entrevistado obedece a una circunstancia psicológica donde existe una confusión mental con la realidad. En cualquier caso no hay unanimidad a la hora de considerarla convincente.
Tampoco se puede afirmar que esa descalificación proviene de los sectores más recalcitrantes de la oposición ni de la derecha mediática. Se muestra una heterogeneidad en cuanto al rechazo que habla bien a las claras de una sociedad democrática que se resiste a seguir las consignas en función de los bloques desde los que se dictan. Se ha referido a las joyas aparecidas en la caja fuerte de su despacho, como un regalo de cortesía que no tiene destino. Aquí se ha despachado con un jeroglífico de difícil interpretación. Habrá que preguntarle al que dirige su defensa a qué se refiere con esta frase misteriosa. No voy a hacerme preguntas al respecto, ni voy a analizar las estrategias jurídicas que se siguen, incluyendo la que ha iniciado Julito Martínez y que, al parecer, es la que provoca esta intervención en TVE.
El coro de apoyadores que emplean el término contundencia en relación con el tono del entrevistador hacen sospechar algo sobre la aparición de una palabra que se ha utilizado, en los últimos casos que afectan a Ferraz y a Moncloa, para establecer un cordón sanitario que separe a los supuestos corruptos de la estructura de la organización política.
A Zapatero le han hecho entrevistas mordaces, donde no se ha empleado la palabra contundencia. Por ejemplo, las realizadas por Carlos Alsina, en Onda Cero, que han conseguido provocar un cierto grado de irritación en el expresidente. Estos periodistas que han salido a cantar las excelencias de la labor inquisidora de Javier Ruiz, conocido en el ambiente por Javierito, demuestran la intencionalidad interventora de controlar una situación preocupante por parte de las instituciones del Estado. Menos mal que ha salido en medio del humo de los incendios y del intercambio de insultos, donde un ministro aficionado a las redes y una presidenta que no se calla se han intercambiado el título de mamarrachos, cuestión esta en la que los dos parecen acertar plenamente.
Las loas a Javier Ruiz utilizando el consabido término de lo contundente, hablan bien a las claras de la preocupación que este asunto entraña en una situación de resistencia declarada para los últimos meses de la legislatura. El ambiente está enrarecido de manera extrema. El viento dejará de soplar en la misma dirección, el humo se asentará y los dueños de los gatos volverán a reencontrarse con ellos, pero este asunto de las joyas seguirá pesando como una losa porque Javier Ruiz, a pesar de las felicitaciones de sus correligionarios, no ha conseguido convencer a nadie de que su entrevistado ha mejorado la opinión que tienen los españoles de a pie sobre su gestión como coleccionista de joyas sin destino, ni como mediador en asuntos de política internacional donde la limpieza nunca ha quedado clara.
Para más inri, Venezuela anuncia su salida de la Corte Penal Internacional, coincidiendo con la misma intención que declara Marco Rubio. Esto no hay quien lo entienda. Después está Yolanda, que se trabuca ante las preguntas de los entrevistadores mientras prepara su desembarco como Secretaria General de la OIT.