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Antonio Martinón

Por Julio Fajardo Sánchez
domingo 19 de julio de 2026, 13:33h

España se la juega esta noche y se está poniendo demasiada carne en el asador al intentar comparar el espejismo de una unidad nacional, basada en el fútbol, con el deseo de la convivencia política, aparentemente tan deteriorada. Corremos el riesgo de ver frustradas nuestras expectativas en ambos sentidos porque fiamos nuestro destino a lo que pueda lograr un grupo reducido de hombres que nos representan. Me temo que al día siguiente, ocurra lo que ocurra, nos seguiremos tirando los trastos a la cabeza. La realidad es que la gran mayoría de la población está clamando por ese clima de unidad, tanto en el deporte como en la política y cada vez se escuchan con mayor nitidez las voces que dicen: “¡Arreglen eso!”

Antonio Martinón escribe en Faceboock: “Sé que es iluso, pero la España que me gustaría es la que es capaz de unirse, con tolerancia hacia las opiniones de los demás, para meter los goles que de verdad necesitamos. Una España capaz encontrarse en la convivencia democrática y en los valores de la Constitución”. Recuerda cuando nos unimos hace 29 años después de que ETA matara a Miguel Ángel Blanco. Después de eso pasaron muchas cosas. Yo rememoro las largas reuniones que teníamos en el Gobierno Civil, con Antonio, Jesús Javier Rebollo y Pepe Sáez de Oiza. Antonio es matemático y en los descansos se retaba con problemas con los dos ingenieros. Rebollo había sido profesor en la Escuela de Santander, donde estudiaron amigos míos, como Ricardo Hormiga o Faustino Ortiz de Latierro; y Pepe, hermano del famoso arquitecto de Torres Blancas, era aficionado a la poesía. Estábamos construyendo un nuevo mundo democrático, ese que ahora añoramos todos y tenemos que recurrir al fútbol para evocarlo. Luego nos íbamos a La Oca y yo regateaba con Pepe con poemas de Machado o sonetos de Lope.

Decididamente eran otros tiempos. Ahora hay gente que considera que esto que digo son majaderías de nostálgicos, pero se equivocan. La razón la tiene Antonio Martinón, que plantea la realidad como si fuera el teorema de existencia de las funciones implícitas, y termina su escrito diciendo: “Usemos la cordura para evitar la España rota y lograr la España unida”. La coincidencia hace que se junten en la misma fecha unos anhelos deportivos con el nefasto recordatorio del inicio de la Guerra Civil, pero en realidad lo que sucede es que bajo este ambiente de euforia late un deseo sereno de enterrar definitivamente las viejas rencillas, de no sacar partido del odio y de renovar la parte buena de lo que hemos estado haciendo durante los últimos 50 años, esos que hoy erróneamente se celebran como una muerte y no como una resurrección. Yo creo, igual que Antonio y muchísimos más, que España es un país que merece la pena.

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