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Son cosas de la democracia

Por Julio Fajardo Sánchez
jueves 02 de julio de 2026, 13:37h

La persistencia en el estímulo anula la sensación en el sentido orteguiano de la frase. Vivimos sometidos a una sucesión continua de acontecimientos que se superponen como una cadena, donde se borra el eslabón anterior a medida que se avanza en ella. En la catedral de Murcia, bordeando la capilla de los Vélez, hay una de piedra que está tallada en una sola pieza con los engarces extraídos directamente del cincel. Cuenta la leyenda que le sacaron los ojos a su autor para que no la volviera a repetir. Es una vida sin memoria y sin retorno que avanza hacia lugares imprecisos, sin los datos suficientes para imaginar cómo será el futuro.

Alguien dice que estas cosas no le vienen bien a la democracia, y que la falta de confianza sobre la continuidad de los hechos que ocurren acabará por desgastarla. Yo, por el contrario, creo que el relato es una circunstancia temporal y que la descripción de sucesos variados es uno de los objetivos de la literatura, desde Homero hasta Cervantes, pasando por los anónimos autores de Las mil y una noches, que trata de identificar Jorge Luis Borges. El relato forma parte del desmenuzamiento de una técnica de distracción mientras que la democracia es el molde que le da cabida al conjunto. Justo es el proceso electoral que la acredita el que permite todas esas cosas que consideramos contradicciones.

Todas las técnicas son admisibles cuando se trata de perseguir la obtención del voto. Lo malo es que esa posibilidad no existiera. Las fuerzas que se encuentran en la competencia de esta carrera de obstáculos para llegar al poder utilizan, acertadamente o no, todas las estrategias de las que son capaces, y traducen de manera perversa en atentados al sistema cualquier invención en este sentido. Por ejemplo, la frase “el que pueda hacer que haga” es traducida como una invitación a los jueces para favorecer causas contra la izquierda en una conspiración del poder judicial. De la misma manera, cuando Pedro Sánchez dice que buscará los votos debajo de las piedras, en la derecha empiezan a hablar de fraude electoral en la aplicación de la llamada Ley de Nietos.

No sé dónde están las intenciones. Que voten los nietos de los emigrantes es el reconocimiento de un origen nacional a todas aquellas generaciones que tuvieron que irse de su país para buscarse la vida en otros lugares. No podemos olvidar que durante años el dinero de los emigrantes fue el apoyo para posibilitar la vida en muchos pueblos, muchos jóvenes pudieron estudiar con lo que les enviaban sus familiares con su sacrificio allende los mares. Ahora se confunde intencionadamente a nietos de emigrantes con nietos de exiliados políticos, como si esa diferencia les diera alguna ventaja. Ambas masas sociales sufrieron los mismos problemas, unos provocados por el hambre y otros por las ideas, y en muchos casos por ambas cosas a la vez. Feijóo lo ha llamado ingeniería electoral y creo que se equivoca. Abascal lo denomina fraude directamente y su declaración no puede ser tomada al pie de la letra por quien pretende diferenciarse de él.

En democracia es legítimo aceptar que se puede decir el que pueda hacer que haga como confesar que se van a buscar los votos debajo de las piedras. Esto significa que el sistema está vivo. Incluso los intentos de acallar a los contrarios demuestran que esto es así. Peor sería tener que cantar al silencio amordazado que decía Pedro García Cabrera.

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