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"Llega el calorcito... y las preocupaciones"

Por José Luis Azzollini García
lunes 22 de junio de 2026, 10:37h

Cuando se ha tenido un invierno como el que se ha visto este año, la llegada del verano, se convierte en un regalo de la naturaleza. Es verdad que se añoran los días fríos, el chocolate con churros, la mantita por lo alto de la cama, la estufa encendida y el olor a tierra mojada. Todo eso y mucho más es cierto, pero también lo es que “una cosa es lo bueno y otra son dos”. Nos cansamos de todo con relativa facilidad, y de la lluvia sin parar, era lógico que también nos hiciera pensar en si la madre naturaleza estuviera enfadada con nosotros. No nos dimos cuenta de que estábamos en invierno, hasta que el paraguas y/o el chubasquero, se convirtieron en una parte imprescindible de nuestro atuendo. En Canarias, la situación que se había vivido en años anteriores, no era nada normal; por mucho que se le quisiera dar carta de normalidad a pasar las Navidades poco más o menos que en bañador. En esta bendita tierra, la lluvia siempre nos había llegado por estas fechas. Al padre Teide, era costumbre verlo con su manto blanco unas dos o tres veces en los inviernos. El océano Atlántico, se embravecía cada vez que desde su fondo marino, así se le antojaba. ¿Era raro? ¡Claro que no! Simplemente estábamos en invierno. Y, eso fue lo que vimos la temporada invernal que ahora vamos dejando atrás y, el Sayo, ya lo podemos colgar definitivamente en el armario o meter en el baúl. Ahora toca lo que toca y, lo que está escrito en los cánones de doña Natura, es pasar calorcito, o canícula según estemos en un lugar o en otro.

Al llegar a estas fechas, cambian, hasta los motivos de preocupación. Si antes nos preocupaba habernos dejado en casa todo aquello que sirviera para protegernos del frío y de la lluvia, ahora lo que manda es no olvidar ponernos bronceador aunque no estemos en la playa. Ahora no podemos dejar de proteger nuestras cabezas con alguna gorra, pamela o sombrilla; sobre todo, quienes hemos ido perdiendo pelo. Ya se sabe que pasada una edad, los únicos pelos que crecen son los de las orejas y la nariz. Así que: no nos hagamos los valientes y pongámonos protección en la carcasa del cerebro.

Pero, si todo se resolviera con una simple gorra, todo iría sobre ruedas. El problema tras la llegada de esta estación del año en la que estamos arrancando, está agravado con otros factores tanto personales como ambientales. En lo personal, no hemos de olvidar que la sudoración se puede devenir excesiva y por tanto la pérdida de elementos biológicos de nuestro cuerpo, hay que recuperarlos y mantenerlos en sus niveles adecuados. ¡En todo momento! Así pues, la ingesta de bebidas frescas, ha de ser una constancia. El agua, se transforma en un bien de primera necesidad y ¡el comercio lo sabe! No es de extrañar que una botella de agua fresquita, cueste casi más que una caña bien tirada. Y, en estas fechas, se puede suprimir el “casi”. Tampoco es plan de ir cargando con una garrafa de ocho litros cuando salgamos de casa, pero como la cosa del cambio climático siga produciendo su santo capricho, no sería una locura pensar en la aparición de los porteadores de agua tipo “serpa”. En lugar de, “el cobrador del frac”, podría darse el caso del “Acompañante veraniego”. Persona que iría junto a quien demandara su servicio, portando: sombrilla para dos o tres personas, abanico o ventilador portátil, kit de primeros auxilios y mochila de hidratación. En verano nadie va a pagar una factura que no haya resuelto en invierno, así que la misma persona, tendrá un trabajo bien remunerado durante todo el año.

Las preocupaciones personales no son solo de carácter proteccionista; también puede ser un motivo de inquietud el determinar qué hacer con tanto tiempo libre. A nadie debe sorprender que haya escrito lo de “tanto tiempo”, pues es bien sabido que el periodo vacacional no está solo compuesto por ese corto periodo de veintitantos días que la regulación oficial suele establecer para que desconectemos de nuestras obligaciones laborales. Quien ha estado dado de alta como personal activo, sabe que un mes antes de despedirnos de nuestros compañeros y compañeras de trabajo para disfrutar del descanso anual, ya se estará poco a poco desconectando. En muchos sitios, incluso, se pone en marcha lo que se llama “jornada intensiva”, y a partir de las catorce horas, ya solo queda en la oficina, el pelota, el nuevo jefecillo y la señora de la limpieza, que esa sí que no sabrá lo que es un descanso veraniego, porque posiblemente trabaje para una empresa externa y ahí quien manda es la necesidad de que se siga contando con sus servicios.

Llegados al punto del párrafo anterior, la preocupación que surge de la realidad expuesta -sí, ya sé que en la empresa de quien está meneando la cabeza de un lado para el otro negando mi aseveración, esas cosas no pasan-, es la cadena de retrasos que se producirán por el cierre de empresas para dar vacaciones a su personal o por la disminución del ritmo de trabajo en las que permanecen con sus puertas abiertas. ¡Todo se ralentiza! No es solo el calor, sino el desánimo en tener que trabajar cuando se podía estar en la playita, aún faltando días para alcanzar el objetivo. Creo, sinceramente, que en las empresas ya están tardando en cambiar esas melodías dulces y des-estresantes que se escuchan por la megafonía para hacer más agradable el trabajo. ¡Ahora toca otro ritmo! Las “Cuatro estaciones de Vivaldi”, deberían ir dejando paso a todo aquello que levantara el ánimo para luchar contra la apatía veraniega “La Cucaracha”, “Tu vuo’ fa l’americano” “Lets Twist Again”. Lo que sea, con tal de que los pedidos no tengan que bloquearse en agosto. Lo que sea para que la economía que pare sea, únicamente, la de quien tiene derecho al merecido descanso anual.

Y, por supuesto, dentro de las preocupaciones están sin duda las propias de la estación seca y la de la vida en contacto con el mar y las piscinas. Entre las primeras, hemos de señalar las olas de calor. ¡La caló, ozú! Rebasar los treinta y ocho grados, es algo para no tomarlo a broma, ¿no creen? En el segundo apartado, lo que mantiene a mucha gente en vilo es el número de ahogamientos -hemos empezado fatalmente este año- que se producen en nuestros puntos de mayor aglomeración de veraneantes: Piscinas, hoteles, playas, calas, ríos, etcétera, etcétera. Alguien pensó que al exigir socorristas, esa pena nos iba a resultar más llevadera. La presencia de los profesionales de la seguridad, es crucial para disminuir los datos estadísticos, pero si los usuarios no ponen de su parte, aportando las precauciones pertinentes, mucho me temo que tendremos que lamentar más de una mala noticia en los noticiarios. ¡Ojalá que me equivoque!

Pero, si algo nos tiene realmente posicionados en una preocupación constante, al irse la época de lluvias, son los incendios forestales. ¿Estamos todos preparados para no cometer imprudencias? ¿Estamos mentalizados a denunciar la de otros, por mucho que nos duela denunciar? Si las respuestas son positivas, ya solo nos queda preocuparnos por la gestión de la Administración, y, eso, si es un motivo para rezar a los Ángeles Custodios de nuestros montes. ¿Tendrán todos los planes y recursos preparados y listos?

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