Hay gente a la que le gusta destacar sobre los demás y no le duelen prendas en poner sobre la mesa lo que haya que poner con tal de conseguir su objetivo. La presencia de agrupaciones sociales, favorece la floración de esas vanidades que, en algunas ocasiones, parecían no estar presentes; cuando en realidad, estaban simplemente agazapadas. No me estoy refiriendo a esos grupos que se reúnen para llevar a cabo algún tipo de acción puntual, como pudieran ser las propias del carnaval de Tenerife. En esas, la actividad está basada en el trabajo en equipo para conseguir un objetivo de actuación, persiguiendo la perfección. Pudiera existir algo de vanidad en ellas, pero sobre todo lo que persiste es un trabajo de forma organizada para, eso sí, conseguir deslumbrar a quienes les vean y tratar de estar por encima de otros grupos de similar índole; pero esto lo dejaré para cuando se acerquen las fiestas de Don Carnal. En este artículo, me referiré a esas otras asociaciones en las que lo que brilla no siempre es oro.
No hace mucho, un familiar mío, nos envió al grupo que mantenemos en WhatsApp, unas fotos, donde se reflejaba parte de una ceremonia de su nombramiento como miembro de una sociedad exclusiva de su lugar de residencia. Hasta ahí todo normal, entendiendo por normalidad lo que a este familiar mío le apetecía en ese momento. Las fotos de su ceremonia, me produjeron curiosidad por saber el número de hermandades, asociaciones, sociedades, grupos y/o agrupaciones, donde lo que prima es el distinguirse del resto de la sociedad en la que viven, aunque en muchas de ellas, dicho interés legítimo, vaya envuelto en un proceder aparentemente altruista para con la sociedad en la que viven. He estado buscando y créanme que he llegado a pensar que el número que existen de cada una de ellas es verdaderamente interesante y digna de un estudio de sociología -dejo la sugerencia por si alguien desea hacer alguna tesis doctoral sobre el tema-. Es más, he llegado a pensar si seré yo el “rarito” por no estar inscrito en alguna. La verdad es que me cuesta un poco verme en actos protocolarios implícitos en sus bases. Ya me costaba pertenecer a mi comunidad de propietarios como para meterme en grupos de composición y funcionamiento más complejos. Ya es incluso difícil, hasta seguir formando parte del país en el que se vive, como para querer ampliar el círculo.
En Canarias y particularmente en la isla de Tenerife, he podido encontrar sociedades de varios tipos. Algunas de índole internacional, pero bien instauradas en el terruño como pueden ser el Club de Leones -llegué a estar dado de alta en este grupo, hasta que al poco tiempo, vi que tal vez no encajara muy bien en él- y/o el Club Rotary. Ambas dedicadas a trabajar en beneficio de quien más lo pueda necesitar y solicite su ayuda. Pero, eso sí, dejando constancia de su actividad. Tanta constancia se deja que hasta hace bien poco existían dos monolitos a la entrada de Santa Cruz y al Puerto de la Cruz, dos peanas bien -ahora solo he visto una- visibles con el emblema de ambas Sociedades. No he visto ninguna de Cáritas, ni de la Cruz Roja, ni de Aldeas Infantiles, ni de, ni de, ni de…. ¡Solo he visto ese tipo de representación, de las dos mencionadas! Es muy posible que alguien haya considerado que merecen estar ahí, por el bien que desarrollan. Y no lo cuestionaré, pero creo que, si el bien es altruista -quiero convencerme que lo es-, tal vez debieran ser igualmente generosos y hacer su labor sin tanta publicidad. ¿Cómo era aquello de que tu mano derecha no vea lo que hace la izquierda? ¡Pues, algo así!
También están las que se formaron desde el “pueblo llano” para tener un lugar de reunión donde mantener actividades de forma grupal y de igual manera, una vida en sociedad donde debatir, instruirse, disfrutar y en general hacer vida social de una manera medianamente organizada por una normas que la misma sociedad se da a sí misma. Dentro de este grupo, tengo que nombrar al Círculo de Amistad XII de Enero. Sociedad que naciendo en el barrio del Toscal de Santa Cruz, ha seguido creciendo en asociados y edificaciones y donde su nivel de actividad debe ser frenética, si atendemos a la cantidad de información que surge de su administración. Es de agradecer que muchos de sus actos, los ofrecen en régimen de puertas abiertas para que aunque no se forme parte en calidad de socio o socia, se pueda participar en algunos de ellos. Si están pensando ir en carnavales, ya les digo que es mucho más fácil meter a un camello por el ojo de una aguja. ¿Alguien se jactará de haberlo conseguido? Puede ser, porque siempre hay, y habrá, enchufados o amigos amiguísimos; pero lo normal es que, las actividades de esas fechas, sean solo para quien paga todo el año.
El Casino de Santa Cruz es otro de esos centros donde formar parte de sus miembros antes estaba reservado para quien mantenía un apellido que justificara el estar asociado. Ahora tengo entendido que lo que importa es que se pague lo que haya que abonar. Para mucha gente, el hecho de decir que se es socio del Casino, ya les compensa el desembolso. Y, si a ese tipo de perfil, el pagar sus cuota de entrada y mensual, les sirve para ponerse esa medalla, pues quienes somos los no socios para recriminarles nada. En meses atrás, hemos vivido lo que se cuece dentro de sus instalaciones al hacerse público los tiras y aflojas en el ámbito directivo. Y, ahora desde el Ayuntamiento, parece que dicen que, además, les cuesta respetar alguna normativa municipal. Si todo es así, parece claro que, la seda, está dejando ver algo de tela de saco.
Otra gran sociedad es el Real Club Náutico de Santa Cruz de Tenerife, donde sus socios, además de gozar ese plus que significa decir que se “es” del club Náutico, mantienen una actividad cercana al mundo marino y deportivo. ¿Todos tienen barco? Todos no. De hecho, solo unos pocos mantienen uno amarado o varado en dicho club. Pero, ya se sabe: mejor tener un amigo con barco que comprar uno.
Mucha gente es socia de ambos centros y cuando lo son, se les nota, porque te lo dicen en cuanto tienen ocasión. Yo tengo grandes amigos que lo son y mantienen su membresía porque en dichas instalaciones se ofrecen actividades que si se desearan practicar, tendrían que pagar. Y puestos a pagar, mejor que sea en un solo sitio.
Dentro de esas sociedades hay una que tal vez sea la más desconocida para el resto de la sociedad donde se encuentra. Me refiero al Exclusivo Club Oliver. Quienes pertenecen a él, son conocedores de que, su estatus social, está por encima de la media. Digamos que, algunos de sus miembros, suelen decir que lo son, con cierto empalago al hablar. ¿Este “finde”, después de hacer unos hoyos, comemos en el club o en el mismo Campo de Golf?
Se sea miembro de uno o de otro club, o sociedad, la realidad es que, en ellos, suele haber mucha seda y mucho esmoquin aunque por dentro se pueda estar produciendo algún calvario para soportar el tacto de tales tejidos.