www.canariasdiario.com

Convenciendo con dinero ajeno

Por José Luis Azzollini García
lunes 01 de junio de 2026, 10:19h

Hace muchos años leí un libro muy interesante. Se titulaba “El Manantial” y en él se describían dos de los caminos que se pueden seguir para triunfar en la vida. Uno, era forjado a base de esfuerzo, tesón y honradez; el otro era más rápido, pues su calzada estaba diseñada por todo aquello que supone aprovecharse del esfuerzo de otros para alcanzar los objetivos. No les destriparé el final, por si desean buscarlo y leérselo. La lección que me enseñó ese libro, siempre me suele venir a la mente, cada vez que veo que se intenta hacer algo, con recursos ajenos.

Para ir centrándome en lo que deseo exponer y, teniendo como base lo anotado en el párrafo anterior, comenzaré recordando lo que hace algunas semanas atrás, leí en www.santacruzdetenerife.es sobre que, desde el Ayuntamiento, se promovía la candidatura de la ciudad de Santa Cruz como Capital Española de Gastronomía para el año 2027 -en este año, dicha distinción la ostenta Jaén-. Hasta ese punto me parece bien pues, nuestra capital, tiene merecimiento propio para alcanzar ese título y alguno más alto incluso. Se lee, también, en dicho portal que la propuesta alcanzó la unanimidad cuando se llevó a votación. Esto último, me tranquiliza pues me permite dar mi opinión, sin que nadie la tache de interés político alguno; cuestión que, últimamente, suele ser la tónica. La duda sobre la bondad de dicha proposición, surge cuando lees, y cito textualmente: “la iniciativa plantea este reconocimiento como una oportunidad para reforzar el desarrollo económico local, la proyección turística y la puesta en valor del sector gastronómico”. He resaltado algunas palabras que siempre suenan bien, pero que entiendo deben ser analizadas, sobre todo cuando se trata de pagar desde el erario. En ese análisis, rascas un poco y encuentras que detrás de ese reconocimiento, existe un grupo periodístico y de aparente gestión publicitaria, que no parece estár incluido dentro del concepto “ONG”. Las personas que mueven esos hilos -según he leído en “HOSTELTUR”-, pertenecen a la Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo y Hostelería de España y, en 2012, crearon este tipo de nombramientos. Son, con toda seguridad, personas entendidas en la materia gastronómica y su aportación profesional han decidido expandirla en un formato de premio periodístico pero con tintes de negocio publicitario. Lo cual es totalmente lícito y plausible. ¿Algo que objetar? ¡Queja, ninguna! Lo único que me planteo es: por un lado la idoneidad de obtener un reconocimiento, que te va a dar lo que te puedas merecer, pero pagando por tenerlo escrito en un diploma y de camino, recibir una publicidad en revistas del ramo. Y, por otro, si dicho galardón que, sería otorgado, insisto, previo análisis del perfil de la ciudad candidata y presupongo, previo abono de la correspondiente facturita, ¿sería necesario obtenerlo por esta vía y no por la más efectiva que sería la del “boca a boca”? ¡Ojo! si ahora me dicen que esa empresa no cobra; por favor, borren todo lo que figure de aquí hacia abajo. Que digo yo, que cuando de lo que se trata es de temas gastronómicos, lo mejor es que sea la vía sugerida para la captación y convencimiento y no la que aporte una prensa especializada, pero pagada.

Yo trabajé en el Turismo y en su momento nos llegaba correspondencia de unas empresas especializadas que te otorgaban un súper premio de calidad. Al principio cuando la recibes, te llenas de alegría, pero en cuanto sigues leyendo, ves que es el negocio de alguien, con iniciativa, que sabe que el “ser humano” está compuesto, además de por elementos químicos, por una altas dosis de egolatría personal. Si en algún momento yo hubiera aceptado ese galardón, hubiera hecho pagar a mi empresa, también, todo el envoltorio que rodeaba al premio: el traslado, el alojamiento, el reportaje y el restaurante con un menú de gala, tan suculento, como caro, carísimo. El premio, por descontado, sería gratis. Para todo lo demás, como rezaba el anuncio: “master card”.

Cuando lo que manejas no es tu peculio personal, sino el de tu empresa, o el de tus conciudadanos, se ha de ser muy exquisito a la hora de determinar el dónde, el cómo y el cuándo gastarlo o, si se prefiere el término, invertirlo.

De gastronomía, creo que la población de Tenerife en general, entiende no mucho, sino “muy mucho”, si se me permite la expresión. No hay más que ver, que cuando alguien decide montar un “boncho” con los amigos, siempre hay que decidir entre varias alternativas. De hecho, dentro de esa decisión, siempre surgen preguntas para delimitar el lugar donde se ha de quedar. Preguntas, que responderán a si se prefiere pescado, carne, comida temática, vegetariana o incluso vegana. Preguntas que nos dirigirán hacia el norte, hacia el sur, a La Laguna, o a la capital. Preguntas que delimitarán el precio y el tipo de ambiente. Preguntas, preguntas y más preguntas que tendrán sus respuestas adecuadas y normalmente nunca con una sola posibilidad.

Hubo una época en que, sin tener ninguna guía, ni acreditación oficial, ni promoción pagada a precio de tarifa profesional, muchísima gente se trasladaba los fines de semana al norte de la isla de Tenerife en busca de los “guanchinches” -que no bochinches-. Venían desde la isla hermana y eso se notaba en la cantidad de matrículas de GC, que se veían circulando por ese norte. ¿Quién los atrajo? Vinieron solitos; empujados, eso sí, por la información que cada cual daba al regreso a sus trabajos o casas, allá o acá. ¡Muchacho, tremenda carne! ¡Qué vino! ¡No dejes de ir a este o a aquel sitio! ¡Dile que vas de mi parte! ¿Se pagaba a alguna empresa para esa información? ¡Nati de plasti! ¿Pagaban los ayuntamientos para que se produjera la romería de coches cada fin de semana? ¡cric, cric, cric! Simplemente, se contaba con la información que premia a quienes hacen bien las cosas. ¡Eso es lo que prevalecía! ¡Y prevalece!

Hoy en día, cuando alguien habla de una ciudad por excelencia en Tenerife, para comer bien, variado y al alcance de todos los bolsillos, todo el mundo dirige su dedo hacia el mismo sitio del mapa. No voy a mencionar su nombre, porque no me pagan por la publicidad; solo diré que Cristo les protege. Cuando se desea comer buen pescado, hemos de rezar a San Andrés, a San Miguel de Tajao o a Santa María Jiménez; aunque estoy seguro que en estos momentos alguien está anotando más santos que no ha tenido que leer en ninguna guía. ¿Han pagado esas empresas o alcaldes para tener el reconocimiento de estar en boca de todos a quienes nos gusta comer bien? Todo lo más, tal vez han abonado algo a alguna guía local cuando empezaron, pero en lo que no han desperdiciado esfuerzos es en hacer cada vez mejor las cosas. Porque todos esos restauradores saben que “camarón que se duerme, se lo lleva la marea”. En el Ayuntamiento de Santa Cruz han argumentado como “oportuno”, figurar en ese catálogo de “Capital Española de la Gastronomía” Al ser por unanimidad el acuerdo adoptado ¿Nos va a decir “el Pleno”, que la restauración de la capital, necesitaba esa intervención pública, para su promoción? Pues vayan preparando el voto y dinerito, porque el siguiente paso será: la capital europea de la gastronomía. Y, ya se sabe que, lo Europeo, siempre será un poco más caro. ¿Para comer churros de pescado, dónde voy?

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios