Del no pasarán al no pararán hay diferencias sustanciales. No pasarán significa la resistencia numantina, y el no pararán el lamento victimista de los que se encuentran sitiados dentro de la fortaleza. No pasarán tiene una connotación guerracivilista, no pararán implica la denuncia de que todos los males que se sufren en el Gobierno provienen del exterior, de un contubernio formado por la oposición, los jueces, la policía y ahora algunos medios de comunicación que le han dado la espalda al oficialismo.
No pararán quiere decir que todo es una operación de acoso, una opresión constante de unos poderes ocultos que se han confabulado contra los que ostentan la exclusiva de situarse en el lado correcto de la historia. No pasarán y no pararán son las dos caras de una izquierda que ahora tiene que soportar la presión democrática de acabar con una legislatura que ya no tiene razón de ser y convocar elecciones. En eso consiste el acoso, y a eso responde el no pasarán y el no pararán.
Hace unos días se manifestaba Aitor Esteban en este sentido, hoy lo hace Íñigo Urkullo en un artículo de El País. También lo han hecho Emiliano García Page, y Felipe González, calificados de traidores por los resistentes, y, como no, la oposición cumpliendo con el papel que le corresponde y los representantes de UPN y Coalición Canaria.
No pasarán y no pararán es la respuesta socialista a una exigencia de convocar al pueblo a las urnas, que es uno de los ejercicios más coherentes en un sistema democrático. Sería difícil explicarle a alguien independiente que una petición de este tipo constituye una agresión incalificable. El no pararán se podría interpretar a la inversa, y los otros podrían argumentar que sus adversarios políticos no pararán de negar una crisis, que no pararán de justificar que se puede gobernar a un país sin contar con el amparo del parlamento, que es la expresión del poder legislativo, uno de los tres pilares constitucionales, sin contar, incluso, con el apoyo de la opinión pública.
Aquí hay alguien que se empeña en navegar contra viento y marea, no se sabe hacia qué puerto, y asegura que, aparte de la mar encrespada, hay una fuerza oculta y perversa que no parará para tratar de impedírselo. En medio de todo esto, el caso Zapatero ocupando los titulares de aquellos medios que hasta hace poco se consideraban amigos. Zapatero ha dicho que no va a hacer declaraciones siguiendo los consejos de su abogado. Sin embargo, ha salido Luis Arroyo como su portavoz para declarar su inocencia, algo que va un poco más allá de una presunción. El periodista dice que no le gusta que lo llamen portavoz, y a mí me recuerda esa copla que dice: “Por tirar un barrenito me llamaron barrenero. Cómo quieres que te llamen, ¿el dulcero?”