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El cambio que se anuncia

Por Julio Fajardo Sánchez
viernes 22 de mayo de 2026, 11:16h

El caso Zapatero tiene una incidencia especial en la división ideológica de la prensa española. El tratamiento que le dan los medios dirigidos por Joseph Ourghoulian y la familia Godó así lo demuestran. Ya no se nota la línea de obediencia a los argumentarios oficiales y se dedican a ofrecer la realidad cruda de la noticia sin pasar por la edulcoración partidista. Hay quien dice que la caída del expresidente supondría la crisis más importante del actual Gobierno, y esto es así por la contundencia, en contrario, que se ha adoptado para su defensa. Esto me indica que los medios más importantes prefieren creer el contenido del auto del juez Calama que cerrar filas y convertirse en el eco de las reclamaciones de una militancia desesperada en las redes sociales.

Es la primera vez que observo esto y, por tanto, también es la primera vez que detecto un desacuerdo entre la opinión pública y la publicada. No había observado esta situación desde los 8 años que el pacto de nuevo cuño ostenta el poder. Algo empieza a oler mal en Dinamarca, como se decía en Hamlet. En la izquierda se lamentan de que, pase lo que pase en la comparecencia de Zapatero ante el juez, el próximo 2 de junio, el mal ya está hecho, y yo noto que eso ocurre leyendo loque publican los órganos de prensa en los que se había confiado hasta el momento. Ya no se puede vivir solo con el apoyo del Diario.es, de Ignacio Escolar, o El Plural, de Angélica Rubio. Eso no es suficiente. El Gobierno pasaría a atrincherarse en grupos de opinión con mínima incidencia en el pensamiento de las mayorías y esto le llevaría a un asilamiento creciente que acabaría siendo insoportable.

Pese a todo, no habrá moción de censura, ni nada que altere la hoja de ruta del presidente Sánchez. Se clama por la presunción de inocencia y eso es legítimo en todos los casos, pero la escasa rotundidad con que se defiende por parte de los mencionados medios de comunicación hace pensar que buena parte de la suerte ya está echada. Hay más contenido en los sumarios y parece que los periodistas de investigación conocen más cosas que las que publican. Sobre todo cuando el caso presenta aspectos internacionales que trascienden el control de lo local. Se habla de la punta del iceberg y esto significa que todavía hay un monstruo gigantesco sumergido bajo el agua que queda por salir.

Es difícil la situación, a pesar de que se recurra a la lentitud de la justicia como argumento, y lo de que el olvido hará desaparecer esa nube negra de sospecha que se cierne sobre las bases más consistentes del actual socialismo. No pinta nada bien la cosa. “Este es el anuncio de algo que vendrá detrás de mí”, decía Carlos Oroza en un verso emulando a Juan el Bautista. De aquí han salido títulos importantes, como “La crónica de una muerte anunciada”. También se empieza a barruntar dentro de las filas socialistas una necesidad de renovación, de reubicación del ideario, de emprender el camino hacia una regeneración que se viene anunciando a los cuatro vientos y que nunca se hace realidad. Todo esto es lo que veo leyendo El País y La Vanguardia. Por ahí se empieza. Lo peor es que todavía no lo ven.

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