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Fábregas se carga las líneas rojas

Por Julio Fajardo Sánchez
martes 12 de mayo de 2026, 19:17h

A Cesc Fábregas le han preguntado si estaría dispuesto a ser el nuevo entrenador del Real Madrid y ha respondido que no tiene líneas rojas. Ahora está encargado de preparar al Como, un equipo italiano que acentuado parece una pregunta de difícil respuesta. ¿Cómo? digo yo también, pero luego pienso que no me debo sorprender, que ese desiderátum está en la mente de muchos y sería una buena norma para superar la polarización entre bandos irreconciliables. Está bien que alguien formado en la Masía sea capaz de llevar las riendas del equipo contrario de toda la vida. Aquí falla algo: o no se le ha inoculado la fobia necesaria o la profesionalidad atiende a otras razones, y el fútbol se deja llevar por reglas diferentes a las que nos hacen creer que una formación deportiva es algo más que un club. Mi reflexión es que si en ese terreno desaparecen las líneas rojas, por qué eso no puede suceder también en algo que se considera de mayor importancia que el deporte.

Manuel Cruz, un catedrático de Filosofía que fue presidente del Congreso con el PSOE, escribe hoy un artículo sobre la necesidad del entendimiento que haga desaparecer las líneas rojas que inspiran a la mal llamada aritmética parlamentaria. Se refiere a que basar la política en una resistencia a convocar elecciones es una mala solución para quien la pone en práctica, y que aplazar la tragedia no hace más que agravarla. Habla de la amenaza de una mayoría de diputados de derechas, PP más Vox, que serían capaces de llevar a cabo una modificación constitucional. También del peligro que esto supone para el equilibrio democrático, tal y como lo hemos concebido hasta ahora. Su recomendación es un acuerdo entre las dos grandes fuerzas políticas que suman cerca de un 70% de los votantes. Esta sería una garantía para una reforma de la Carta Magna que pudiera resolver las dificultades que se presentan con el actual sistema para formar gobierno.

A Sánchez le pusieron líneas rojas en el Comité Federal de 2016, ese que ahora se reproduce en un video que nadie sabe quién ha filtrado. Esas mismas líneas rojas son las que nos han traído a la situación de incertidumbre que padecemos, a pesar de que muchos se empeñen en convencernos de que eso es lo que el pueblo ha querido en las urnas. Luego está lo práctico, cuando lo necesario es que nos liberemos de las pasiones que atosigan al escenario político.

Si le preguntaran a un socio del Barça sobre la respuesta de Fábregas diría que es un traidor y que se ha vuelto loco, pero la realidad es que lo que es condenado por los seguidores, acérrimos fanatizados de su equipo, sería una decisión sana para el deporte en general; de la misma forma que lo que sería malo para un partido político es beneficioso para el país. El problema es comprobar que lo mismo diría un socio del Real Madrid si Florentino ficha a un jugador formado en la competencia. Esto es lo que hay mientras la política española se desarrolla como en un campo enfangado con 21 jugadores y un balón.

Lo de Fábregas nos demuestra que a nivel individual no es así, y que una decisión individual puede encerrar más sensatez que los miles de gritos airados que se emiten desde las gradas. Al final las gradas están llenas de partidarios dispuestos a aplaudir lo que les dicen los encargados de arengarlos. Ahora que estamos en campaña lo podemos comprobar en las fotos que salen de los líderes con una tropa de acólitos sentados detrás. Lo de Fábregas demuestra que el fútbol está por encima de la lucha entre los equipos, de la misma forma que España lo debería estar sobre los partidos políticos.

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