Reconozcámoslo, llevamos 16 días de huelga. Y sí, estamos cansados. Pero que nadie confunda el cansancio con la rendición. Después de 16 días de huelga, sin avances en la negociación (por la actitud de la ministra, incapaz de gestionar esta huelga médica nacional con un grave impacto asistencial), el colectivo y los sindicatos médicos tenemos un caleidoscopio emocional normal, en el que hay desgaste, frustración y sensación de inutilidad. Y este estado emocional hay que validarlo. No queremos transmitir optimismo artificial, pero aclaremos que el cansancio no significa debilidad, significa implicación.
Estamos en una fase donde la presión acumulada aún no se ha traducido en concesiones visibles y hay que aceptar que las huelgas largas suelen tener un punto de inflexión tardío.
Ahora mismo muchos médicos estarán pensando: “no sirve de nada” y eso es peligroso porque es la antesala de la indefensión aprendida, en la que tanto hemos elegido caer los médicos, y que hay que combatir con uñas y dientes porque que tiene terribles consecuencias, ya que dejamos de actuar cuando sentimos que nada va a cambiar.
Porque aquí hay algo que tenemos que decir alto y claro: si después de 16 días no hay resultados visibles, no es porque esta movilización no tenga fuerza. No estamos ante una falta de razones, sino ante una falta de respuesta por parte de la administración. Los profesionales sanitarios han sostenido una movilización prolongada, con un alto coste personal y asistencial, mientras las soluciones siguen sin llegar y es porque enfrente hay una estrategia clara: desgastarnos hasta que cedamos.
Y la pregunta es: ¿se lo vamos a poner fácil? Porque si hoy damos un paso atrás, el mensaje que enviamos es peligrosísimo: que solo hay que esperar lo suficiente para que los médicos dejemos de luchar. Y eso no va solo de nosotros. Va de todo lo que viene después. Hoy no estamos aquí solo defendiendo condiciones laborales. Estamos defendiendo algo mucho más incómodo para quien está al otro lado: estamos señalando que el sistema se sostiene sobre el sacrificio constante de sus profesionales.
Aunque no haya grandes victorias, hay avances: hemos aumentado la atención mediática ( le hemos ganado el relato infoxicador a la ministra médica ,seguimos contando con apoyo social ( a pesar de las estrategias manipuladoras de la ministra que ha realizado algunas declaraciones que pudieran ser compatibles con la vulneración del código deontológico, hemos aumentado la tensión institucional creciente para el gobierno de Pedro Sánchez y estamos mostrando una unidad del colectivo y a nivel sindical como nunca. Y eso se acabó.
Que no haya resultados visibles todavía no significa que no esté pasando nada. Significa que la presión aún no ha sido suficiente. Y eso no se arregla retirándose. Se arregla aumentando el coste de ignorarnos. Porque cada día que seguimos: aumentamos la presión política, la presión mediática y aumentamos el coste de no negociar. Y eso es lo único que cambia escenarios.
Ahora bien, también hay que ser exigentes con nosotros mismos como colectivo: no basta con resistir, hay que avanzar. Necesitamos más visibilidad, más contundencia y más unidad. Tenemos que salir de aquí con un mensaje claro, sencillo y repetible: no estamos en huelga por capricho. Estamos en huelga porque así no se puede ejercer la medicina. Y eso es algo que la sociedad entiende. Pero hay que decirlo más alto, más claro y más veces. Hoy no es un día para preguntarnos si merece la pena. Hoy es un día para decidir si estamos dispuestos a que dentro de unos meses todo siga exactamente igual. Porque si paramos ahora, seguirá igual.
Queremos ser contundentes: si no hay avances visibles, no es porque no haya problema. Es porque, hasta ahora, se ha optado por ignorarlo. Cada día de huelga está poniendo de manifiesto una realidad que durante años se ha normalizado: un sistema que depende del sobreesfuerzo constante de sus médicos para seguir funcionando.
Esta situación no es sostenible.
El futuro de una sanidad pública universal pero con un deterioro progresivo, ante la inacción de las administraciones, de la equidad y con una merma muy importante de la calidad, está en juego. Por eso volvemos a convocar huelga entre el 27 y el 30 de abril. Por eso pedimos la intervención de Pedro Sqanchez.
Ese es nuestro porqué y por eso soportamos cualquier cómo.