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Cuba, el ángel caído

Por Julio Fajardo Sánchez
martes 31 de marzo de 2026, 19:50h

“Sería un cruel sarcasmo histórico que tantos años después de la triunfal entrada en La Habana de Fidel Castro y sus barbudos, algún tipo de enviados de Donald Trump fuera vitoreado por una población famélica…” Esta es la entradilla de un artículo de Joan del Alcazar titulado: “Cuba en situación de fallo multiorgánico”. En el texto esa frase del principio es realmente el final del artículo, que acaba como sigue: “…y enrabietada deseando que algo pase, algo, lo que sea, porque así no se puede vivir”. Esta última parte ha sido omitida en el titular, resumiéndolo a la contradicción sarcástica del alborozo por la llegada de la Revolución y la supuesta invasión, bloqueo, o como quiera llamarse, amenazada por el señor Trump. Luego te sumerges en la lectura y te das cuenta de que lo que se afirma es que el régimen ha fracasado por algo bien diferente a las circunstancias externas; que lo que ha fallado es la incapacidad de hacer viable algo que no lo era desde el origen, y que solo ha pervivido gracias a la propaganda progresista.

No niego que al principio había cierto romanticismo en las canciones de Carlos Puebla y en la exaltación del Che Guevara, con la imagen de su cuerpo desnudo en un depósito de cadáveres, adornado por perlas de barro. Era la épica de los revolucionarios, que luego se transformaría en símbolos de amor en las voces de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, cuando la isla empezó a llamarse Yolanda. Cuba fue posible mientras existió la Unión Soviética, y dejó de serlo cuando pasó a desempeñar un resto de eslóganes de propagandistas para lo que quedó en pie tras la caída del Telón de Acero. Cuba pasó a ser una peregrinación para delatar el desengaño, un refugio de ideales desnortados que no acertaban a encontrar su aposento definitivo. La frase que ha sido hurtada del titular de El País es: “así no se puede vivir”, y representa el hartazgo de una realidad que ya no puede hallar justificación entre los que la visitan.

Hasta hace poco tiempo aún existía la sensación de un paraíso de progreso basado en la negación de todo lo que ofrece esa palabra. Un progreso que más se parece al regreso, avalado por quienes iban allí a hacer un jubileo de pasada, nunca para quedarse y disfrutar de los deleites de una forma de vivir cada vez con menores posibilidades de ofertar lo mínimo para hacerlo dignamente. Ahora, ante la amenaza de Trump, se ha levantado un movimiento de resistencia, con flotilla incluida, que va en auxilio del desmoronamiento, en nombre de un mundo que pretende situarse en el lado correcto de la historia. Quizá por eso se oculta lo de “así no se puede vivir”, porque delata que una gran mentira intenta tapar la miseria, porque el fanatismo ha pasado a ser el alimento básico que sustituye al pan nuestro de cada día.

Ya no se canta el “Aprendimos a quererte”. Ya no está el comandante fumándose un cohíba. Ahora solo queda un pueblo desolado que dice que así no se puede vivir, a pesar de haber sido educado en el Patria o Muerte que le ha llevado a la desesperación y al desengaño.

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