Los políticos incumplidores y las incumplidoras, que también las hay, han convertido la ineficacia en rutina y la excusa en estrategia. Ante cada problema sin resolver, despliegan un repertorio interminable de justificaciones, las más frecuentes son, la herencia recibida, la falta de recursos, la complejidad administrativa o cualquier factor externo que les permita eludir su responsabilidad.
Nunca fallan ellos, son impolutos, siempre se equivoca el otro. Mientras tanto, los ciudadanos y los empresarios y empresarias seguimos esperando soluciones que no llegan, atrapados en promesas recicladas y discursos vacíos.
Gobernar no es buscar culpables, es asumir decisiones y rendir cuentas. Pero muchos prefieren esconder su incapacidad tras palabras huecas, confiando en que el tiempo diluya su falta de resultados. Así la política se degrada y gangrena, lo peor, es que es la realidad existente
¿Te ha parecido interesante esta noticia? Si (0) No(0)