Las colas o atascos viarios y diarios, valga el pareado, en las carreteras de Tenerife, se han convertido en el símbolo emblemático más evidente de la ineficacia y la torpeza política. Ya no contamos por años, sino por décadas, los diagnósticos repetidos, promesas vacías y planes que nunca pasan, antes del papel y ahora del ordenador, llevando a la isla a una situación insostenible, tanto para las personas como al propio sistema productivo.
Mientras la población crece y la actividad económica aumenta, las infraestructuras siguen ancladas en el pasado, gestionadas malamente, con lentitud, improvisación y falta de visión presente. Los responsables públicos prefieren anunciar estudios, celebrar reuniones propagandísticas o crear comisiones que no sirven para nada, antes que ejecutar soluciones reales, coordinadas y valientes.
El resultado es una pérdida constante de tiempo, productividad y calidad de vida. Tenerife no sufre un problema técnico, sino político, la incapacidad para anticiparse, decidir y actuar con rigor. Cada atasco es un recordatorio diario de esa dejación de responsabilidades. Es hora de cambiar para circular con normalidad
¿Te ha parecido interesante esta noticia? Si (0) No(0)