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La Lotería de Navidad: felicidad y recaudación

Por José Luis Azzollini García
lunes 22 de diciembre de 2025, 10:26h

Desde primera hora de la mañana ya resuena el soniquete de los niños y las niñas del colegio de San Ildefonso cantando, bola a bola, la cantidad de pequeños premios que acompañan al gordo. Como sabemos todas las personas que vivimos en España y también fuera de ella, este día veintidós de diciembre, es un día de alegría pero, también, de una cantidad interesante de frustraciones. Es el momento de ilusiones que algunos -los menos- podrán cumplir, pero que casi todos habrán tenido la oportunidad de soñarlas. Será un día en el que, la inmensa mayoría estaremos contentos de gozar de una salud a prueba de bombas y cómo no, es el día en el que en Hacienda, se frotarán las manos esperando la llegada de una buena tajada que les corresponderá de los premios de ese corto número de personas que habrán visto como, la enumeración de sus décimos, coincidía con los que se cantaban.

Lo de la Lotería cantada por los niños del colegio mencionado, ha sido una tradición que ha ido creciendo desde que en 1812, comenzaran a protagonizar este sorteo tan popular; aunque parece que fue en 1771, bajo el reinado de Carlos III, cuando ya se había originado dicho sorteo, según he podido leer en www.larazon.es . Sea desde hace mucho tiempo, sea en la actualidad, lo cierto es que, cada veintidós de diciembre, el canto del estudiantado del colegio de San Ildefonso es esperado por una inmensa mayoría de quienes vivimos en este país. Hacienda no es que lo espere, pues de antemano, sabe la cantidad que entrará en sus arcas; pero, como he anotado, sí que cuenta con ello. Desde esa Entidad, solo se toman el tiempo para poner la mano y confiar en que el papel se haya agotado. De hecho en un país donde aunque la ludopatía constituya uno de los grandes problemas que una parte de la sociedad sufre, el dinero que se gasta en publicidad institucional para animar la compra, es muy importante. De hecho, no recuerdo una publicidad donde se anime, prevea y se exponga el camino para alejarse de esa enfermedad, pero si se ven demasiados reclamos para que se caiga en ese mal. Desde el mismísimo centro del aparato del Estado, se usan valores sentimentales para llegar a lo más profundo del corazón y conseguir una reacción, de quien recibe la publicidad, tan atrayente, como para tirar de cartera y comprar el décimo. Un décimo solidario, un décimo que genera esperanzas y por supuesto un dinero que agranda la caja común. Cada año, sea con el “calvo de la Navidad”, sea con aquél numerito que los vecinos guardaron para quien no lo compró, o sea este mismo año, con una fecha señalada como la del anuncio de la llegada de un nieto, mucha gente se ha apresurado a pedir un número concreto. ¡Tiene que ser ese número y no otro! En Hacienda siguen aplaudiendo con las orejas y felicitando al creativo. La del año que viene, va a ser difícil de superar, pero se ha dejado un camino abierto para que, entonces, sea el nieto el que guarda el décimo con la fecha en la que descubrieron que su abuelo pudo haberles sacado de pobres y prefirió enmarcarlo. Se dice que la Lotería de Navidad es el sorteo que menos dinero entrega; sin embargo es el que más seguimiento tiene y, desde luego, el más esperado. Sin duda alguna, todo el ambiente que se vive en torno a ese día es casi tan adictivo como lo pudiera ser el mismísimo juego de azar que es. Por estas razones, si se me permite el atrevimiento, cada vez entiendo menos que esto, que no es más que una forma más de potenciar esa ludopatía de la que hablo, siga teniendo los apoyos institucionales que tiene. Pero, en fin, al mismo tiempo que escribo esto, estoy pensando que no debo olvidarme recoger el número que me tiene guardado fulanito de tal, o de pedirle a mi hijo que no se olvide hablar con su amigo para que me consiga el décimo terminado en el número cuál o comprar aquel otro número por lo feo que era. Mi madre siempre me contaba que una vez tuvo en sus manos el gordo, pero que no lo compró por lo feo que era. ¡Anda que tenía mal gusto quien si lo compró!

Lo de San Ildefonso y su protagonismo en este día tan señalado para quienes aumentamos, décimo a décimo, las arcas del Estado, tiene su historia. Historia que tiene que ver con la pobreza y con la participación de los niños que, con su canto, recogían alimentos de manos pudientes, para disminuir en lo posible la hambruna que conllevaba ese estado paupérrimo de muchas criaturas que eran acogidos en aquella Institución. A estos niños de ahora, que poco tienen que ver, gracias a Dios, con aquellos otros, les debemos que antes con la peseta y ahora con el euro, nos despertemos con la cantinela que nos dirá si tendremos que reorganizar nuestra vida o si deberemos seguir contentos por gozar de una salud de hierro. Salud incluso psicológica para no desear empapelar las paredes del despacho con la cantidad de papeletas que fuimos comprando.

Dicen que cada vez que alguna de las parejas, de los niños o niñas que van cantando su repetitiva melodía, extrae las bolas correspondiente a número agraciado y al premio que otorgará una de las cifras millonarias, se escuchan los aplausos desde la casa común de todos los españoles: Hacienda. Algo debe haber de cierto en ese “run-run”, pues la cuantía que entra, es mucho mayor que el esfuerzo realizado para que se produzca.

Sea como fuere lo que sí es verdad es que en España, salvo contadas excepciones, el veintidós de diciembre es un día señalado en el calendario casi como festivo. Ese esperado día, podremos estar en nuestro trabajo, pero pendientes de alguna radio o de si te llaman por teléfono para recordarte que no olvides recoger todo lo tuyo del trabajo. El veintidós de diciembre las llamadas y mensajes en las redes sociales llevarán implícitas o explícitamente la pregunta de si te tocó algo. El veintidós de diciembre, será un día para recordar que lo más cerca que se estuvo del gordo o de alguno de sus premios, fue cuando nuestro numerito se publicó en la “pedrea”. Algo es algo, que diría el del anuncio.

El día de la lotería de Navidad, será un momento para la familia. Nos llamamos, aunque solo sea para hacer la preguntita. Pero aunque solo sea para ese cometido, el sorteo de la lotería de Navidad y telefónica, habrán conseguido que no sea únicamente el turrón lo que vuelva a casa. La familia entera se pondrá en contacto y tal vez sea, ese, el verdadero gordo del que sí que nos alegraremos todos y todas.

Feliz Navidad y espero que si no están leyendo este artículo, sea porque lo están celebrando con cava a las puertas de la administración donde se adquirió el boleto premiado. ¡No lo enmarquen, por Dios!

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