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Margarita y sus contorsiones

Por Álvaro Delgado
lunes 16 de mayo de 2022, 10:33h

La actual Ministra de Defensa, Margarita Robles, ha gozado siempre de un notable prestigio político y personal, tanto dentro como fuera de los simpatizantes de nuestro atribulado Gobierno de coalición. Incluso la derecha ha mostrado públicamente un indisimulado respeto y simpatía hacia ella, debidos a su notable sentido de Estado y a su manifiesta independencia de criterio.

Su acreditada solvencia profesional ha ayudado indudablemente a ese reconocimiento generalizado. Robles no es una “piernas”, de esas que pueblan de forma festivalera el variopinto Gabinete actual. Juez de profesión desde hace 40 años, fue la primera mujer en presidir una Audiencia Provincial (la de Barcelona), y la tercera en llegar al Tribunal Supremo. Y el gran público siempre la ha considerado como la última felipista viva (formó parte del Gobierno de Felipe González en los años 90), y como el eficaz dique de contención frente a los extremismos varios que pueblan el Gobierno de Pedro Sánchez.

Ella siempre se ha considerado, por encima de todo, “una servidora del Estado”. Y así lo ha manifestado en reiteradas ocasiones, consagrando a ese empeño importantes sacrificios personales. Desde defender en su día la actuación de González en el tema de los GAL, hasta justificar hace escasas fechas la “sustitución” (por no llamarla “destitución”) de la Directora del CNI para tratar de contentar a los separatistas catalanes tras el escándalo Pegasus. Sólo unos días después de haber defendido su labor en el Congreso de los Diputados de una forma más que vehemente.

Aunque su verdadero problema ha estado, finalmente, en que “a la hora de la verdad, Margarita Robles ha resultado indistinguible de Meritxell Batet”, como escribió -con hiriente agudeza- David Jiménez Torres, comparando sus recientes cesiones frente a Sánchez con las ya habituales genuflexiones de la Presidenta de las Cortes. Las desmedidas alabanzas al actual Presidente y sus manifestaciones de orgullo por formar parte de su Gabinete, con las que adornó sus explicaciones sobre el cese de Paz Esteban, han deslucido bastante su dignidad e independencia de criterio. Aunque pueden significar, simplemente, que el implacable y chulesco Sánchez tiene su amueblada cabeza camino de la guillotina para conservar como sea su mullido sillón presidencial.

La humillación de la apreciada Ministra no ha pasado desapercibida para muchos comentaristas críticos con el Gobierno. Jorge Bustos se ha explayado a gusto sobre la “Triste historia de Margarita Juncos”, comparando la fortaleza que transmite su apellido con la apariencia de vergonzante flexibilidad que ha tenido que exhibir ante las exigencias de Junqueras y Rufián: “Meritxell Batet, Nadia Calviño, Margarita Juncos. Tres mujeres con estudios indistinguibles ya de Adriana Lastra, malogradas por una misma deriva partisana. Tres arietes de Ferraz embistiendo contra sus propias biografías desvencijadas. Una historia triste”. Así resumió el Jefe de Opinión de El Mundo los devastadores efectos que ha producido Sánchez sobre el prestigio de tres mujeres competentes, que tuvieron el valor de sumarse a su improvisado proyecto de coalición.

Resulta altamente probable que las contorsiones de Margarita Robles sean un esforzado ejercicio de mera supervivencia política. El mejor contrapunto socialdemócrata que exhibe actualmente un Gabinete radicalizado ha aceptado pringarse con la viscosa melaza de Sánchez con el fin de conservar -en lo posible- su particular cuota de poder. Ella cree que el Estado la necesita, y ahí va a estar, aun con su currículum hecho jirones entre las zarzas que van sembrando sus díscolos socios de Podemos y del separatismo catalán. Pues, aunque ERC demande con insistencia su cabeza, no va a resultar una pieza nada fácil de cobrar. Margarita exhibe profesión, pasado, respeto y maneja mucha información. No representa, para nada, el prescindible perfil de Ábalos o de González Laya. Para cargarse de verdad a Robles hay que echarle un par. Y luego, atenerse a las consecuencias, sean éstas las que sean.

No obstante, pese a sus sacrificios por una supuesta causa noble, Margarita está pagando un duro coste reputacional debido a sus múltiples cesiones. Como ha enumerado Jiménez Torres, esta Ministra con tanto sentido de Estado -reconocido por propios y extraños- lleva años asumiendo sin rechistar los deterioros institucionales causados por Sánchez para conservar el poder; también aceptando la relación privilegiada del Gabinete del que forma parte con quienes declararon la independencia de Cataluña en 2017; y jamás ha exhibido incomodidad ante el blanqueamiento continuado que este Gobierno está promoviendo de los herederos de Batasuna.

Por todas esas razones, su alabado sentido de Estado está resultando de quita y pon. Hace escasos días dijo, con entusiasmo, que “estaba tremendamente orgullosa de formar parte del equipo de Pedro Sánchez, porque somos el Gobierno de la gente más desfavorecida”. Algo tendrá el poder cuando una mujer inteligente tiene que justificar así sus humillantes contorsiones ante los insaciables separatistas catalanes. Que de desfavorecidos tienen lo mismo que yo de Ministro de Igualdad.

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