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Sin interlocución diplomática con Londres en un momento de grave crisis

Que España no tenga embajador en Londres desde hace unos meses resulta incomprensible en un momento en el que nuestro país se está jugando una parte fundamental de su economía. El hasta ahora embajador, Carlos Basterreche, cesó en el cargo por razones de edad, sin que hasta ahora se haya nombrado su sustituto. Aunque el funcionamiento del día a día en la delegación española en el Reino Unido está asegurado por los funcionarios que la atienden, las circunstancias políticas y económicas que confluyen en la actualidad deberían obligar a cubrir la plaza cuanto antes.

La crisis pandémica, el problema de Gibraltar, la gestión del Brexit o el retorno del turismo británico a España son razones de mucho calado que justificarían por sí solas que España tenga lo antes posible un interlocutor ante la Corte de Saint James. Es difícil de entender, por tanto, que el ejecutivo de Pedro Sánchez no haya cubierto una plaza de tanta trascendencia en todo este tiempo.

Ahora que han vuelto las fronteras con el Reino Unido y cuando el ejecutivo de Boris Johnson está elevando las exigencias para que los británicos puedan viajar de vacaciones a países como España, es imprescindible que nuestro país disponga de un interlocutor directo que explique la situación real y que "engrase" los mecanismos que afectan a la toma de decisiones.

Curiosamente, una de las caras más conocidas de las últimas semanas en España es la del embajador británico en Madrid, Hugh Elliott; aunque sólo sea por el periplo que le ha llevado a pasearse por todas las comunidades turísticas, y a pesar de haber tenido escaso éxito a la hora de transmitir a su gobierno que viajar a regiones como Canarias -con una incidencia acumulada de Covid inferior a la del propio Reino Unido- era seguro. Este discurso no ha podido ser reforzado por un homólogo español en Londres que defendiera la misma idea que el embajador Elliott.

La situación permanece bloqueada por razones que se desconocen pero que perjudican gravemente los intereses nacionales. No ayuda que la jefa de la diplomacia española, Arancha González Laya, ocupe el primer puesto en las quinielas a la hora de ser relevada en una hipotética remodelación del Gobierno de Sánchez. La plaza en Londres, sin embargo, debería quedar al margen de este debate y Moncloa debería nombrar ya a un representante político que defienda los intereses españoles antes de que transcurra más tiempo, pase un verano sin turismo británico relevante y se consoliden unas condiciones del Brexit que perjudiquen a nuestro país.

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