En estos tiempos se están produciendo en Canarias y en toda ESpaña, una gran cantidad de noticias que tienen el tema de la vulcanología como tema de interés. Todo parece haberse revitalizado desde que el, hoy conocido como Tajogaite, decidió darse a conocer y presentar una tarjeta de visita envuelta en humo y cenizas; y, por supuesto, dejando tras de sí una devastación absoluta allá por donde fue pasando su roja lava.
Desde entonces, en esta parte de España, se retomó el hablar mucho de prevención, de manuales de emergencia, de protocolos de evacuación, de desastres naturales, de actitudes y hasta de aptitudes. Las personas y empresas que se dedican a la elaboración de manuales de supervivencia, ya han comenzado a hacerse notar, y el mundo político parece haber encontrado otro campo de actuación para marcar sus diferencias entre los distintos protagonistas. Ya se sabe: Nosotros seremos los primeros en tener un manual de supervivencia y evacuación, y evacuación, dirán desde el Cabildo y/o desde los puntos más susceptibles de tener que lidiar con una posible erupción; nuestra ciudad deberá prepararse para una posible acogida si se produjera un desastre natural en aquellas zonas, se ha dicho desde la capital; No se debe alarmar a la población, dirán los científicos y, como no podía ser de otra manera, la oposición que no tenga acceso al protagonismo de quienes si lo tienen, se dedicará a poner palitos a la rueda. En definitiva, un volcán, estremeció además de los cimientos, las necesidades más acuciantes de un territorio volcánico como lo son las islas Canarias. Pero, ¿qué pasó hasta llegar a estos momentos?
Según se cuenta en las leyendas que nos han ido llegando, ya en la época de los guanches la presencia del Teide, estaba muy presente. Se le daba el nombre de “Echeyde” y, se afirmaba que en su interior, habitaba un ser maligno conocido bajo el nombre de “Guayota“. Un ser que rugía y echaba fuego, trayendo destrucción. Ya desde esa época, parece que lo de defenderse de los efectos destructivos de sus erupciones, preocupaba pero no les ocupaba mucho pues, al fin y al cabo, al tratarse de una acción producida por un “ser sobrenatural”, no tenía más prevención que la que surgiera de sus ofrendas a sus dioses benefactores. Como pudiera ser “Magec” o dios de la luz y el sol. O al mismísimo “Achamán” o dios supremo de quien se cuenta, que salvó al anteriormente mencionado liberándolo de las garras del maligno y sellando la puerta de su guarida para que no pudiera salir jamás. Hoy en día, no preocupa tanto que Guayota vuelva a mostrar su cara más desagradable como que la destrucción que se produzca sea algo irreparable. Ese debería ser ese el motivo de preocupación principal; aunque probablemente dentro de los equipos de gobierno que en estos momentos trabaja en prepararlo todo para evitar esos posibles daños, la ocupación pueda seguir estando en saber en qué zona se pueda continuar dando las licencias de construcción. Conocer cómo se han podido dar esas licencias en zonas sensibles de ser el recorrido natural de la lava que se emitiera de los posibles futuros volcanes descendientes del tátara-tátara-biznieto de aquel ser sobrenatural no parece ser tema de análisis.
Desde luego parece evidente que existe una profunda separación entre los intereses de la política y las sensatas recomendaciones de los técnicos de prevención. Hablo obviamente de aquellos casos en los que se recomienda no construir en determinados espacios y aun así se conceden los permisos y se construye. Terrenos que solo deberían ser usados por el agua o la lava si llegara el momento. Esa distancia entre unos intereses y otros, puede llegar a ser la siembra en la que se pueden llegar a apoyar los desastres naturales que más tarde conseguirán que nos llevemos las manos a la cabeza. Es más suele pasar mucho tiempo antes de que el error se haga latente. Si nos fijamos en el último volcán que hizo acto de presencia en nuestras islas, el recorrido del torrente de fuego, siguió un aparente camino natural en su caída hacia el mar. ¿Estaba libre de obstáculos dicho camino? Esta pregunta, lamentablemente es, ahora, fácil de contestar. Urbanizaciones completas y llenas de casas, gran cantidad de casas aisladas, y fincas de plataneras, además de infraestructura viaria para comunicar todo ese enjambre de viviendas y propiedades fue lo que el volcán se llevó por delante. Seguramente será difícil conseguir que la construcción no se adueñe de los canales lógicos para que discurra el efecto lógico de una erupción volcánica, pero si se pudiera analizar con la perspectiva que nos ofrecen los hechos consumados, seguramente, esa dificultad, se tornaría algo menos difusa. Pero, claro, eso significaría una posible merma en las arcas municipales, por el pago de licencias y tasas. Tal vez habría que preguntar a quienes tienen la responsabilidad de contestar a las preguntas de la gran cantidad de pérdidas materiales, sobre si estarían dispuestos a repetir el error que anteriormente cometieron quien autorizaron las construcciones que la lava se llevó. Tal vez, dentro de los planes de emergencia que ahora están en proceso, hubiera que hacer constar las responsabilidades pecuniarias que deberían acatar aquellos protagonistas que siguen concediendo licencias de construcción de forma aparentemente tan irresponsable. O al menos tan discutible. Es también posible que se pudiera exigir que las recomendaciones de los técnicos de las instituciones encargadas de confeccionar los documentos de riesgos y de emergencia, no solo se hicieran públicas, sino que se le diera publicidad a todo lo que pueda suponer un plan de emergencia y seguridad en estas islas. Que digo yo, que si es posible gastar recursos en decirle a la población los macro proyectos que se van a llevar a cabo en cada rincón del territorio -anillo insular, pasarela peatonal, construcción de trenes, diseño de nuevos viables, ampliación de autopistas, etcétera- , también se podría dar a conocer las recomendaciones que se deberían observar para evitar que se pueda construir en aquellos parajes que pudieran ser susceptibles de ocasionar algún daño irreparable ante posibles catástrofes naturales. También es cierto que detrás de lo primero, suele haber un reportaje de fotos y en lo segundo es muy difícil fotografiarse y sobre todo ver el resultado positivo de llevar a cabo un adecuado plan de emergencias.
Sea como fuere, lo que parece claro es que en Canarias, por su condición de islas volcánicas, por estar en un entorno subtropical y además, rodeada de un mar que, en muchas ocasiones se encabrita más de lo deseado, se está echando en falta un plan de emergencia global; pensado, no solo en ordenar las actuaciones ante situaciones de alerta, sino y sobretodo, en su prevención para minimizar los efectos más dañinos de dichas eventualidades.
Si se conocieran los nombres de quienes han autorizado determinadas construcciones, dentro de sus competencias, se podría conseguir que les sonora una alarma de ES-ALERT, por si deseasen hacer una autocrítica para que no se repitiera ninguna de sus actuaciones pasadas.