Los ataques perpetrados por una célula yihadista dejaron más de un centenar de heridos y conmocionaron a España en agosto de 2017.
Este lunes, 17 de agosto, se cumplen nueve años de los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils, una sucesión de ataques que en agosto de 2017 dejó 16 víctimas mortales y más de un centenar de heridos y que constituye uno de los episodios terroristas más graves sufridos en España en las últimas décadas.
El terror comenzó poco antes de las cinco de la tarde del 17 de agosto de 2017 en uno de los lugares más concurridos de Barcelona. Younes Abouyaaqoub, miembro de una célula yihadista formada principalmente por jóvenes de Ripoll, irrumpió con una furgoneta en La Rambla y recorrió unos 650 metros atropellando deliberadamente a quienes encontraba a su paso.
El vehículo avanzó desde las inmediaciones de plaza de Catalunya hasta la zona del mosaico de Joan Miró, frente al Liceu. El ataque provocó una escena de caos en pleno centro de la capital catalana y causó inicialmente 13 muertos en La Rambla, además de decenas de heridos. El balance global de los atentados y de los hechos directamente relacionados con ellos acabaría elevándose a 16 fallecidos.
Abouyaaqoub consiguió escapar después del atropello. Durante su huida asesinó a Pau Pérez, a quien apuñaló para apoderarse de su vehículo. Tras cuatro días de búsqueda, los Mossos d'Esquadra localizaron al terrorista en Subirats (Barcelona), donde fue abatido después de mostrar un cinturón que aparentaba contener explosivos y que posteriormente resultó ser falso.
La ofensiva terrorista no terminó en Barcelona. Horas después, ya durante la madrugada del 18 de agosto, cinco miembros de la misma célula se desplazaron hasta Cambrils (Tarragona) en un Audi A3 y trataron de reproducir un ataque mediante atropellos en el paseo marítimo.
Los terroristas, que portaban armas blancas y falsos cinturones explosivos, fueron abatidos por los Mossos d'Esquadra. Una mujer, Ana María Suárez, murió como consecuencia del ataque y varias personas resultaron heridas.
Barcelona y Cambrils fueron, sin embargo, la consecuencia de un plan terrorista inicialmente mucho más ambicioso. La célula había acumulado en una vivienda de Alcanar (Tarragona) grandes cantidades de material destinado a fabricar explosivos, principalmente TATP, conocido como 'la madre de Satán' por su enorme potencia y su inestabilidad.
Las investigaciones determinaron que los yihadistas habían contemplado atacar lugares emblemáticos y especialmente concurridos, entre ellos la Sagrada Família, así como otros puntos turísticos y espacios de ocio. La explosión accidental de la vivienda de Alcanar durante la noche del 16 de agosto, en la que murió, entre otros, el imán de Ripoll Abdelbaki Es Satty, considerado el principal responsable de la radicalización del grupo, precipitó los acontecimientos y obligó a los supervivientes de la célula a improvisar los ataques con vehículos y armas blancas.
Uno de los aspectos que mayor conmoción provocó tras los atentados fue comprobar que buena parte de los integrantes de la célula eran jóvenes que habían crecido en Ripoll, aparentemente integrados en su entorno social y sin que existieran señales públicas que permitieran anticipar la dimensión de su proceso de radicalización.
Las investigaciones situaron a Es Satty en el centro de ese proceso. El imán ejerció una influencia decisiva sobre los jóvenes y contribuyó a convertir el grupo en una célula dispuesta a perpetrar atentados de gran magnitud.
La actuación de los terroristas se extendió durante varios días y afectó a distintos puntos de Cataluña: Alcanar, Barcelona, Cambrils y Subirats quedaron ligados desde entonces a la cronología del 17-A.
Tres integrantes de la célula que sobrevivieron fueron juzgados posteriormente por la Audiencia Nacional. Mohamed Houli Chemlal, Driss Oukabir y Said Ben Iazza fueron condenados en 2021 por distintos delitos relacionados con la organización terrorista y con la preparación de los atentados.
El procedimiento judicial estuvo condicionado por una circunstancia fundamental: los autores materiales de los asesinatos habían muerto. Por ello, los acusados supervivientes no fueron juzgados como autores de las muertes perpetradas en La Rambla y Cambrils, sino por su participación en la estructura y los preparativos de la célula yihadista.
El aniversario vuelve a poner el foco, sobre todo, en las víctimas y sus familiares, que durante estos años han reclamado reconocimiento, atención y que su recuerdo permanezca al margen de las disputas políticas.
En el octavo aniversario, celebrado en 2025, Barcelona volvió a situar a víctimas y familiares en primera fila del homenaje institucional en La Rambla. El acto se desarrolló sin discursos políticos y con una ofrenda floral y un minuto de silencio en torno al mosaico de Joan Miró, escenario convertido desde 2017 en uno de los principales espacios de recuerdo de la tragedia.
Nueve años después, el 17-A permanece como una de las fechas más dolorosas de la historia reciente de España y como recordatorio de la amenaza del terrorismo yihadista. También permanece la imagen de una sociedad que, inmediatamente después de los ataques, respondió al terror con concentraciones multitudinarias y con el lema «No tinc por» («No tengo miedo»), que acabó convirtiéndose en símbolo de la respuesta ciudadana frente a los atentados.