OPINION

Cuando perder resulta insoportable

Miguel Lázaro | Jueves 23 de julio de 2026

El deporte es mucho más que una competición. Es también un espejo del carácter con el que una persona, un equipo o una afición afrontan el éxito y el fracaso. Ganar engrandece; perder revela la verdadera talla moral.

Tras la final del Mundial, más allá del resultado deportivo, llamaron la atención algunas imágenes: gestos de tensión y agresividad de algunos jugadores argentinos hacia futbolistas españoles, la negativa de parte del equipo a aplaudir al campeón durante la entrega del trofeo y, posteriormente, la proliferación en redes sociales de teorías conspirativas que atribuían la derrota a supuestas manipulaciones.

Desde la psicología social, estas reacciones pueden entenderse como mecanismos de defensa frente a una frustración intensa. Cuando una derrota resulta difícil de aceptar, algunas personas desplazan la responsabilidad hacia factores externos, buscan culpables o construyen relatos que protejan la autoestima del grupo. Es una forma de reducir el malestar psicológico, aunque el precio sea alejarse de la realidad.

También puede aparecer lo que algunos autores denominan narcisismo colectivo: una identificación tan intensa con el propio grupo que cualquier derrota se vive como una humillación insoportable y cualquier crítica se interpreta como un ataque. En ese contexto, reconocer el mérito del rival deja de verse como un gesto de deportividad para convertirse, erróneamente, en una renuncia a la propia identidad.

La verdadera grandeza del deporte no consiste solo en levantar una copa. Consiste también en saber aplaudir al vencedor cuando ha sido mejor. Porque el respeto al rival no disminuye al derrotado; al contrario, lo dignifica.

Los campeones se reconocen por sus victorias. Las grandes selecciones, además, se reconocen por la elegancia con la que saben perder.

Lo siento por los argentinos pero me alegro por nosotros.

Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma.


Noticias relacionadas