OPINION

Los sábados con Antonio

Julio Fajardo Sánchez | Sábado 02 de mayo de 2026

Cada día tiene su afán. Los sábados leo el artículo de Antonio Muñoz Molina. No sé qué le ha pasado hoy para que intente llevarme por un viaje a la conquista del espacio. Todo a cuenta de que Trump quiere instalar una central nuclear en la luna. Para llegar a eso hace una turné por la poesía, merodeando en torno a Jorge Manrique, Lorca, Miguel Hernández y un listado interminable de poetas, como si fuera una de esas páginas de 50 aniversario donde hay que nombrarlos a todos. Lo importante es que dice que podríamos encontrar un mundo paralelo en el que la vida sea posible, pero está a 30 años luz.

Miles de millones de años de los que contabiliza el reloj de pulsera; ese que ahora sirve, además de marcarnos el transcurso del tiempo, para indicarnos el pulso y otras constantes vitales, sustituyendo a otros artilugios que están en las farmacias o en los centros de urgencia. 30 años luz son muchos años, aunque imaginemos un espacio donde el tiempo se cuente de otra manera. En ese caso tendríamos que tirar nuestros relojes a la basura. Yo casi no uso otro que el del móvil, y tampoco me puedo fiar porque atrasa o adelanta según le parece. Qué más me da unos segundos más o menos. Lo que sí tengo claro es que no voy a vivir pendiente de este Donald Trump planetario, que me quiere vigilar desde arriba con los satélites de Elon Musk.

Lo curioso es que el artículo de Muñoz Molina va sobre la mentira. Elevadas a nivel del Universo, las que estamos acostumbrados a soportar son mentirijillas de andar por casa; cosas sin importancia a las que no debemos hacer caso para que no interrumpan nuestro equilibrio emocional. En realidad, son cambios de opinión, traslados del punto de vista hacia otro observatorio, minucias que no nos deben inquietar. Al fin y al cabo la ciencia y la filosofía han alterado tanto las cosas que uno ya no sabe donde está la verdad.

La última, la de Habermas, es la que coincide con la mayoritaria, excusando de esta obligación a la que fija Tezanos en el CIS. Yo me siento identificado con un griego del siglo V antes de Cristo, porque leyendo las cosas que entonces escribió descubro que muchas siguen siendo válidas 2.600 años después. No aspiro a terminar mis días en la luna, y menos en marte. Prefiero estar en la luna de Valencia, que es como andar despistado y sin hacer demasiado caso a las advertencias terribles con que me bombardean los que tengo a mi alrededor.

Dicen ahora que los americanos están tan hartos de la guerra de Irán como lo estuvieron de la de Vietnam. Esto quiere decir que ha pasado un ciclo donde las cosas se repiten. Yo estaba en los 20 años cuando aquello y ahora he sobrepasado con creces los 80. Esto me da cierta ventaja a la hora de enjuiciar las cosas. Después de Vietnam nos convertimos en hippies, pero ahora creo que ya no tengo tiempo de ser nada de eso. De todas maneras, no entiendo porque en este sábado mi articulista favorito me ha tenido que llevar por estos derroteros. Quizá sea yo el que está mal y no lo entiendo a él.


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