Leo un artículo de Estefanía Molina en El País donde dice que la izquierda culpa a la derecha de no hacer caso de sus medidas para resolver el problema de la vivienda en lugar de reflexionar sobre sus efectos perniciosos. Esta crisis se viene incubando desde hace más de 20 años y no ha hecho más que aumentar, debido a la inacción en la construcción de alojamientos sociales que se ha impuesto como una especie de obligación moral. Esto ha sucedido en el terreno teórico del urbanismo y en las practicas de las administraciones implicadas, no solo desde la intervención política sino además de la funcionarial. También se ha impuesto como norma en la formación técnica en los centros de enseñanza.
Ha sido un comportamiento que se ha ido incubando poco a poco hasta conseguir que las iniciativas edificatorias se conviertan en algo sospechoso de especulación y altamente escandaloso. No solo ha sido alimentado por la izquierda sino que ha influido, creando un complejo, en la derecha que también ha gobernado durante ese tiempo, tanto en el gobierno central como en las comunidades autónomas y especialmente en los ayuntamientos, que son los que ostentan las principales competencias. Una enorme bola de nieve se ha ido alimentando mientras crecían las propuestas del wokismo hasta llegar a una situación insostenible. Va a ser muy lento y complicado recuperar un nivel mínimo que satisfaga las necesidades actuales, que son realmente acuciantes.
La conclusión es que buena parte de la culpa la tiene la aplicación de una ideología desacertada. Dice Estefanía Molina que cuando Feijóo llegue al poder (parece que da por hecho que lo hará) tendrá su 15 M. La cuestión es que ante esta amenaza, cuya suposición no es descabellada, habría que preguntarse qué haría el PSOE. ¿Se sumaría al bloque, supuestamente progresista, que solo ofrece soluciones totalitarias, expropiaciones, protección del suelo, etc., o estaría dispuesto a firmar un gran pacto de Estado que nos lleve, a medio y largo plazo, a la solución de un conflicto que se nos antoja insalvable.
Kiko Llaneras dice que las cosas avanzan a mejor, que el futuro es prometedor y que así lo indica el presente, con unas cifras macroeconómicas insuperables, pero la realidad, según los sondeos, es que el desencanto que provoca en las nuevas generaciones la dificultad que supone acceder a una vida digna, cuyo umbral comienza por disponer de una vivienda donde desarrollar su vida, crece cada día más, a la misma velocidad con que la realidad plantea la desesperanza de que el tema no se resolverá en un plazo razonable. Por ese motivo toda una generación puede dar por perdidas sus oportunidades. Los jóvenes que hoy tienen 30 años, tendrán que esperar al menos 15 para ver que se supera esta situación de déficits. Sería como privarlos de libertad durante ese tiempo. La izquierda continuará presionando y boicoteando las soluciones que se plantean como las únicas posibles, y el problema seguirá favoreciendo a la precariedad, por más que vayamos como un cohete.
Nadie en ese ámbito hace la reflexión de que el crecimiento de la ultraderecha es la reacción inmediata al fracaso de las políticas woke. El primero que lo tiene que entender es el PSOE, que ha sido arrastrado por estas ideologías. Últimamente he visto signos de que por fin comprenden dónde está el problema y me alegro. Espero que la oportunidad de implantar el progresismo como única alternativa, no les lleve a repetir el error.
Hace unos días escuché a Leguina decir que la solución estaba en los jóvenes. Es una obviedad, la solución siempre estará en ellos. Son los que más sufren el problema, por eso no me queda más remedio que darle la razón al expresidente de Madrid. Espero que lo entiendan y busquen un camino diferente a un 15 M, que es lo que apunta la articulista de El País que sucederá para enquistar más la situación, si nadie lo remedia. No me gustaría escuchar que la culpa de todo la tiene la democracia.