ECONOMIA

Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo

Martes 28 de abril de 2026
El 28 de abril se conmemora el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, enfocándose en los riesgos psicosociales. La OIT destaca cómo la organización laboral influye en la salud mental de los trabajadores y sus familias, especialmente en adolescentes, quienes enfrentan altos índices de ideación suicida y autolesiones.

28 de abril es el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el trabajo. La OIT ha querido enfocar su campaña de promoción del “Trabajo seguro, entornos laborales saludables” poniendo su énfasis en los riesgos psicosociales en el trabajo. El Informe pretende renovar el análisis en torno a cómo la organización del trabajo y su intensidad (sobrecarga, ritmos acelerados), junto a los estilos de liderazgo empresarial, tienen una influencia decisiva en esos estados de salud o bienestar integral (físico, psíquico o mental y social) de las personas trabajadoras.

El problema es complejo. Porque a los factores asociados a la organización del trabajo, la intensidad de la demanda de rendimiento, la presión de tiempos de trabajo (el 85% de las ausencias vinculadas a problemas como el estrés o la ansiedad tienen origen laboral) hay que sumar las dificultades para la conciliación de la vida laboral y familiar (1 de cada 4 personas señalan el cuidado de un familiar como motivo de ausencia). De ahí que, como venimos dando cuenta en esta página, la cuestión del “estrés de cuidar”, con perspectiva de género en sentido estricto (para las madres), así como con perspectiva de corresponsabilidad (para los padres), presenta un renovado protagonismo, con nuevas dimensiones, como veremos en esta entrada.

Uno de cada cinco adolescentes en España ha pensado en el suicidio

Las cifras pueden variar ligeramente, pero es una evidencia científica, constatada por todas las investigaciones sobre salud mental que el riesgo de ideaciones suicidas bate récord en la población adolescente (entre 14 y 17 años). En torno al 20% señala que ha considerado el suicidio en algún momento (ideación de suicidio), siendo casi el 16% de la población adolescente la que reconoce haberlo intentado. Pero la acción de violencia contra sí mismos no para ahí: casi el 30% manifiesta que durante el último año ha sufrido alguna autolesión. (Estudio salud mental en los jóvenes, Universidad Rey Juan Carlos y Oberta de Cataluña).

El Instituto Nacional de Estadística (INE) lo confirma. Se registraron 76 muertes de menores de entre 15 y 19 años durante 2024, algo menos que las 86 contabilizadas en 2000, pero muy superior a las 59 de 2014. El suicidio es ya la primera causa externa de muerte entre las personas adolescentes, por delante de los accidentes de tráfico y por detrás de los tumores, representando el 17,5% de los fallecimientos de esta edad. Determinados casos, especialmente mediáticos, por lo trágicos que resultan, como el de las dos niñas fallecidas de 15 y 16 años halladas muertas en un parque de Jaén, sumado al de la niña de 14 años que se quitó la vida en octubre en Sevilla tras denunciar bullying, mantienen el foco constantemente sobre la crisis de salud mental adolescente-juvenil.

El Estudio advierte que contar con redes de apoyo, bien en la familia bien en la escuela, o entre iguales, sería clave para mantener una buena salud mental. Precisamente, por la menor red sociofamiliar, las investigaciones constatan que la adolescencia más vulnerable a los problemas de salud mental es la LGTBIQ+, porque sufren más la ideación suicida, autolesiones y la soledad no deseada. La menor conexión con la familia, incluso el rechazo familiar en más de un caso, y con el entorno escolar, por el acoso entre iguales que es más fácil sufrir, haría que sean más frecuentes las microagresiones físicas, pero relacionados con un mayor malestar psicológico en los adolescentes de este colectivo. En todo caso, el problema está extendido y va a más, por la soledad, fragilidad, dependencia de las redes sociales, consultas sin control de la I.A., etc. Aunque parece que predomina en los chicos, está creciendo más en las chicas.

La ambivalente conexión del trabajo con la salud mental en la adolescencia

En esta página ya hemos hablado de la creciente importancia del conflicto psicosocal trabajo-familia, en relación con el bienestar de los padres, y las madres (progenitores), como más recientemente hemos evidenciado la conexión entre el trabajo y el riesgo de suicidio. Pero hasta este momento no habíamos tenido la oportunidad de poner el acento en otra dimensión muy importante, cada vez más, de esa conexión entre la salud mental y el conflicto trabajo-familia: ¿cómo las condiciones de organización del trabajo del padre y/o de la madre puede ser un factor de riesgo para la salud mental de hijos adolescentes o, al contrario, puede ser un factor de protección de ella?

Ya hemos visto lo importante que es en el abordaje de la situación de riesgo de ideación suicida y autolesiones de otro tipo en la adolescencia la relación con los padres y, en general, con las redes familiares. En este sentido, el tiempo, y modo, de cuidado es muy importante para mejorar los estados de salud en general, y mental en particular. Y ello tanto para los padres como para los hijos menores, en su etapa infantil y en la adolescente, quizás la más difícil. No cabe duda de que, entre las causas del denominado ‘estrés familiar (pdf)’ sobre todo femenino, está el tener que lidiar con hijos/as adolescentes (ej. inquietud por el eventual consumo de drogas, el miedo a un embarazo no planificado de las hijas, problemas económicos por sobreconsumo tan típico de este tiempo, etc.). En suma, una vez más, la salud mental de los padres puede ser tanto un pilar fundamental de protección del bienestar de los/as hijos/as adolescentes, como un factor de riesgo para éstos, cuando el estrés (económico, laboral, de pareja social) se proyecta en exceso en el desenvolvimiento de las relaciones de cuidado a los/as hijos/as.

Desde esta perspectiva, el excesivo estrés derivado de los problemas de conciliación de la vida laboral y familiar, la dedicación extrema al trabajo en detrimento del tiempo para cuidar de adolescentes, en un momento tan complejo psicosocial y biológicamente para ellos/as, puede ser un factor que alimente problemas de salud mental de hijos/as. El sentimiento de no estar atendido, o incluso de estar abandonado por los padres, incluso ya en etapas anteriores (ej. síndrome de la llave colgada). El sentimiento de padres ausentes en esta etapa de la vida puede alentar el sentimiento de soledad y, en consecuencia, afectar negativamente al estado de salud mental de los/as hijos/as adolescentes.

Adaptación de la jornada para que los padres atiendan la salud mental de sus hijos/as

El modo en que se organiza el trabajo y se concilia con el cuidado familiar, no solo en la infancia, también en la adolescencia, según posibilita la actual redacción del art. 34.8 ET puede desplegar una notable función de protección eficaz frente al riesgo de problemas de salud mental de los/as hijos/as. Así lo ha reconocido una pionera y muy sugerente STSJ IC/Las Palmas 519/2026, de 14 de abril. Aplicando una perspectiva de adolescencia (diferente a la de infancia, aunque el fundamento sea el mismo, la protección eficaz del interés superior del menor), considera que la empresa debió tener más en cuenta un factor adicional de cuidados. No solo tenía el padre, que es quien pretende una readaptación de su puesto de trabajo para atender las necesidades de cuidar nuevas que se le presentan en casa, una hija menor, sino también una adolescente, de 16 años.

Según los informes periciales, la joven tiene una conducta autolesiva, con ideación suicida (tirarse por la ventaja). Padece, además, insomnio, anhedonia y llanto fácil. El cuadro descrito de una adolescente de 16 años es: “clínicamente relevante y potencialmente urgente precisamente por tratarse de una adolescente con ideación suicida”.

La sentencia constata esta afirmación con los datos estadísticos del INE arriba citados. Con una redacción muy pedagógica y, desde luego, cargada de sentido humanista a la hora de enjuiciar hechos de esta naturaleza, la sentencia (que revoca la de instancia social, que no tuvo en cuenta esta perspectiva de adolescencia) concreta varios factores de riesgo:

  • El ánimo depresivo.
  • La distorsión de la imagen corporal, rechazo de su apariencia y un inequívoco desencadenante emocional: la ruptura de pareja.
  • La mirada y experiencia vital de una adolescente puede ser una “tormenta perfecta” que abone pensamientos de autolesión, incluso suicidas, que en modo alguno deben infravalorarse en este ciclo vital.
  • En esta situación el apoyo de quien cuida, en este caso el padre, cobra una relevancia muy especial, de modo que el apoyo familiar se muestra como:
    “uno de los factores protectores más importantes ante desequilibrios emocionales a tan corta edad, siendo recomendable en estos procesos de riesgo que la joven no permanezca sola largos periodos, al menos mientras subsista la ideación autolítica y, además, par atener un estímulo cercano en momento de especial vulnerabilidad”.

    La dialéctica ausencia/presencia de quien cuida adquiere así un papel determinante, en el plano emocional y de supervisión de la correcta ingesta de tratamientos farmacológico, pues: “El cariño y apoyo familiar continuado, va a facilitar que Niobe exprese emociones, no se sienta sola y tenga ayuda en momentos de crisis”

    Nuevo desafío para la gestión preventiva o para la promoción de la salud mental familiar

    En estas circunstancias, deben primar las razones de cuidado sobre las de organización (en el caso la empresa pública Correos).

    En suma, la sentencia nos deja bien fundamentada una nueva dimensión del conflicto trabajo-familia en clave de gestión preventiva del estrés familiar, pues no solo cuenta el impacto en la salud parental, en quienes ejercen las labores de cuidar, sino también en los/as hijos/as. Una adecuada adaptación del trabajo a este tipo de situaciones actuaría, pues, como un relevante factor de protección de la salud mental de los/as hijos/as, no solo de los padres, mientras que, en el caso contrario, un desentendimiento empresarial de estas situaciones de salud, hoy tan recurrentes, de la adolescencia, podría llevar a convertir el (exceso de) trabajo en un factor de riesgo para la salud mental de las personas en su adolescencia. En suma, un nuevo desafío no sólo para la gestión de personas (“recursos humanos”), también para la gestión de riesgos laborales y de promoción de la salud mental en el trabajo.

    Nos parece una buena propuesta para celebrar -quizás, mejor, conmemorar, pues queda mucho por hacer- el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo.

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