Tenerife no puede seguir aplazando una infraestructura clave para su futuro, un tren que conecte la zona metropolitana con el sur de la isla, verdadero motor económico y turístico. La saturación de las carreteras, los atascos diarios y la pérdida de tiempo y productividad hacen insostenible el modelo actual.
Un tren moderno y eficiente aliviaría el tráfico, reduciría emisiones y mejoraría la calidad de vida de los ciudadanos. Además, reforzaría la cohesión territorial facilitando la movilidad laboral y el acceso a oportunidades.
No se trata de un lujo, sino de una necesidad estratégica para garantizar el desarrollo equilibrado y competitivo de la isla en las próximas décadas. Pero hay que posibilitar que sea una realidad, es más, una prioridad.